¿Qué impulsa los mercados hoy?

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El índice bursátil KOSPI de Corea del Sur registró su mayor caída en una sola sesión desde la crisis financiera global de 2008, con pérdidas que superaron el umbral de corrección severa, impulsadas por la confluencia de factores externos e internos: el impacto de nuevos aranceles estadounidenses sobre las exportaciones surcoreanas —sector automotriz y semiconductores representan conjuntamente más del 35% de las exportaciones del país— y la incertidumbre política interna. Simultáneamente, el won surcoreano (KRW) se depreció de manera pronunciada frente al dólar, alcanzando niveles que activan alertas de intervención por parte del Banco de Corea. La magnitud de la caída refleja la alta exposición de la economía surcoreana al comercio internacional en un contexto de fragmentación de cadenas globales de valor. Los CDS (credit default swaps) soberanos de Corea del Sur ampliaron sus spreads, señalando un incremento en la percepción de riesgo por parte de inversores institucionales. El Banco de Corea y el Ministerio de Finanzas emitieron declaraciones de monitoreo del mercado cambiario, sin anunciar medidas de intervención directa, mientras que las autoridades evaluaban el impacto acumulado sobre el sector financiero y el costo de financiamiento externo del país.
Los mercados globales cerraron el mes de marzo bajo presión, con los índices bursátiles asiáticos registrando pérdidas generalizadas en la última jornada del trimestre. Las preocupaciones por la política arancelaria de Estados Unidos —incluyendo la aplicación de nuevos gravámenes sobre importaciones de múltiples sectores— pesaron sobre los activos de economías exportadoras, particularmente en Asia. El dólar estadounidense (DXY) se mantuvo firme, generando presión sobre divisas emergentes y encareciendo el servicio de deuda denominada en dólares en economías de la región. En China, los datos de actividad económica del primer trimestre mostraron una recuperación desigual: el sector exportador enfrenta presiones crecientes derivadas de las medidas proteccionistas estadounidenses, mientras que el consumo interno sigue por debajo de las proyecciones del gobierno. Los diferenciales de crédito soberano en mercados emergentes se ampliaron marginalmente ante el deterioro del apetito por riesgo global, mientras que los flujos de capital mostraron una rotación hacia activos refugio —bonos del Tesoro de EE.UU. y oro— en cierre del primer trimestre de 2026.
El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, abordó en Harvard el escenario de estanflación latente que enfrenta la política monetaria estadounidense: una economía con presiones inflacionarias persistentes —el índice PCE subyacente permanece por encima del objetivo del 2%— coexistiendo con señales de desaceleración en el mercado laboral y en la actividad manufacturera. Powell subrayó que el mandato dual de la Fed —estabilidad de precios y máximo empleo— se encuentra en tensión, lo que complejiza la calibración de la tasa de referencia de los fondos federales, actualmente en rango restrictivo. El presidente de la Fed advirtió que los aranceles y las disrupciones en cadenas de suministro introducen shocks de oferta que elevan precios sin estimular demanda, lo que limita la capacidad de la política monetaria de responder con recortes de tasas sin arriesgar un desanclaje de expectativas inflacionarias. Los mercados de futuros de tasas (fed funds futures) ajustaron la probabilidad de recortes para el segundo semestre de 2026, reflejando mayor incertidumbre sobre el camino de normalización monetaria. La disyuntiva planteada por Powell refuerza la postura de "esperar y ver" (wait-and-see) que el FOMC ha mantenido en sus últimas reuniones.
El repunte en los rendimientos de bonos del Tesoro estadounidense —con el bono a 10 años cotizando en niveles elevados— generó un deterioro en las valoraciones de las principales compañías tecnológicas de gran capitalización, cuyas valuaciones dependen estructuralmente de tasas de descuento bajas para justificar múltiplos precio/ganancias (P/E) por encima del promedio histórico del S&P 500. El fenómeno se amplificó dado que el sector se encuentra en un período sensible: varias empresas del índice Nasdaq-100 presentarán resultados trimestrales en las próximas semanas, lo que eleva la volatilidad implícita. La correlación negativa entre tasas largas y activos de duración extendida —como las acciones de crecimiento tecnológico— volvió a materializarse con fuerza, recordando episodios similares de 2022. Los flujos hacia instrumentos de renta fija de corto plazo, que ofrecen rendimientos reales positivos, compiten directamente con la renta variable en el actual entorno de política monetaria restrictiva. La presión fue especialmente visible en compañías con mayor peso en índices de referencia globales, amplificando el impacto sobre los ETF sectoriales y los portafolios de gestión pasiva.
El crudo extendió su racha alcista hasta una cuarta sesión consecutiva impulsado por la combinación de recortes de producción sostenidos por parte de la OPEP+ y la ampliación del conflicto en Medio Oriente, región que concentra aproximadamente el 30% del suministro mundial de petróleo. Las preocupaciones sobre interrupciones en rutas de tránsito estratégicas —incluyendo el Estrecho de Ormuz, por donde circulan cerca de 17 millones de barriles diarios (b/d)— generaron una prima de riesgo geopolítico adicional en los precios del crudo Brent y WTI. Los operadores de mercado ajustaron posiciones largas anticipando una oferta ajustada en el segundo trimestre, período en que la demanda estacional tiende a repuntar en el hemisferio norte. El diferencial Brent-WTI se mantuvo bajo presión al reflejar tensiones en logística de exportación del Golfo Pérsico. Analistas señalaron que cualquier escalada adicional en la región podría desencadenar movimientos abruptos en los contratos de futuros de crudo, dado el bajo nivel de inventarios comerciales globales en relación con el promedio histórico de los últimos cinco años.
Las acciones europeas operaron prácticamente sin cambios el lunes, con el índice paneuropeo STOXX 600 plano en 574,98 puntos al inicio de la sesión, para luego subir marginalmente un 0,2% hasta 576,55 puntos, mientras los inversores aguardaban la publicación de los datos de IPC e HICP de Alemania, destinados a cuantificar el impacto inflacionario del conflicto en Oriente Medio sobre la mayor economía de la eurozona. El STOXX 600 acumula una caída del 9% en marzo, encaminado a registrar su peor desempeño mensual desde marzo de 2020. El sector de defensa lideró las pérdidas con un retroceso del 0,8%, mientras que los valores del sector viajes también cedieron terreno con Air France bajando 1,5% y Lufthansa un 0,6%. Los mercados monetarios han ajustado sus expectativas de política monetaria del Banco Central Europeo (BCE), descontando ahora tres alzas de tasas de 25 puntos básicos hacia finales de 2026 —un cambio sustancial respecto a las expectativas previas de tasas estables durante todo el año, según datos de LSEG. El presidente del banco central de Francia, François Villeroy de Galhau, afirmó que el BCE está decidido a evitar que la inflación impulsada por la energía se extienda a otros componentes del índice, aunque precisó que es prematuro hablar de fechas para posibles alzas de tasas. En sentido contrario, las acciones de Rio Tinto avanzaron cerca de 4% tras la reanudación de operaciones en tres de sus cuatro terminales portuarias de Pilbara, en Australia Occidental, luego del paso del ciclón tropical Narelle.
El dólar estadounidense operó estable el lunes, en camino a su mayor ganancia mensual desde julio, en un entorno donde los inversores evalúan el impacto de una guerra prolongada en Oriente Medio sobre las perspectivas de política monetaria global. El yen japonés perforó el nivel clave de 160 unidades por dólar —mínimo no visto desde julio de 2024, cuando Tokio intervino por última vez en el mercado de divisas—, avivando temores de una nueva intervención cambiaria. El euro cotizaba en USD 1,1512, encaminado a una caída mensual del 2,5%, su mayor retroceso desde julio; la libra esterlina perdió 1,7% en el mes hasta USD 1,3258; el dólar australiano cayó 3,8% en marzo y el neozelandés acumuló un descenso del 4,4%. El cierre del Estrecho de Hormuz ha reencendido presiones inflacionarias globales, llevando a los mercados de futuros de tasas de EE.UU. a comenzar a descontar el riesgo de un alza de la Reserva Federal más adelante en 2026, un cambio marcado respecto a las apuestas de inicios de año que contemplaban hasta dos recortes. El estratega Marc Chandler, de Bannockburn Capital Markets, advirtió que los bancos centrales enfrentan la posibilidad de estanflación —presiones de precios que aconsejan ajuste monetario, mientras las señales de crecimiento apuntan a cautela. Pakistán anunció que prepara conversaciones de paz para los próximos días, aunque Teherán señaló estar listo para responder ante una operación terrestre estadounidense.
El petróleo Brent avanzó 2,81% hasta USD 115,73 por barril, mientras que el WTI ganó 3,14% hasta USD 102,77, luego de que los hutíes de Yemen —alineados con Irán— lanzaran el fin de semana sus primeros ataques sobre Israel desde el inicio del conflicto EE.UU.-Israel-Irán, que comenzó el 28 de febrero. El Brent acumula un alza del 59% en marzo, la mayor subida mensual registrada en la historia del mercado petrolero, superando las ganancias observadas durante la Guerra del Golfo de 1990, tras el cierre efectivo del Estrecho de Hormuz —conducto del 20% del suministro mundial de petróleo y gas. El conflicto se ha extendido geográficamente desde el Golfo Pérsico hacia el Mar Rojo y el estrecho de Bab el-Mandeb, uno de los puntos de tránsito más críticos para flujos de crudo y productos refinados, según analistas de JP Morgan liderados por Natasha Kaneva. Las exportaciones de crudo saudí redirigidas desde Hormuz al puerto de Yanbu, en el Mar Rojo, alcanzaron 4,658 millones de barriles por día la semana pasada, según datos de la firma analítica Kpler. El presidente Trump amenazó además con destruir los pozos petroleros de Irán, su infraestructura energética y la Isla Kharg, si el Estrecho de Hormuz no es reabierto, intensificando la prima de riesgo geopolítico en los mercados energéticos.
El sector de la construcción de Paraguay registró una expansión acumulada del 6,8% al cierre del tercer trimestre de 2025, con un crecimiento interanual de 3,4% en ese período, según el informe de Cuentas Nacionales Trimestrales del Banco Central del Paraguay (BCP). El desempeño fue impulsado por la ejecución de proyectos tanto del sector privado como público, a pesar de los retrasos en pagos de obras públicas reportados por empresas del rubro. La construcción representa aproximadamente el 6,8% del PIB paraguayo, con efecto multiplicador sobre industrias vinculadas como la producción de materiales, el transporte y los servicios profesionales. En paralelo, la formación bruta de capital fijo (FBKF) —indicador que refleja las inversiones en infraestructura, maquinaria y edificaciones— registró un crecimiento interanual de 13,1% en el tercer trimestre, evidenciando mayor dinamismo en la inversión total de la economía. El avance del sector se consolidó pese al contexto de dificultades financieras de algunas constructoras, principalmente vinculadas a deudas pendientes del Estado. La continuidad de proyectos privados actuó como amortiguador frente a la menor ejecución del gasto público en infraestructura.
El jueves 26 de marzo constituyó la sesión más adversa para los mercados globales desde el inicio del conflicto el 28 de febrero. El S&P 500 retrocedió 1,74% a 6.477,16 puntos, el Dow Jones cedió 469 puntos hasta 45.960 y el Nasdaq Composite cayó 2,38% hasta 21.408, confirmando territorio de corrección al acumular más de 10% de baja desde su máximo histórico. Tecnología y semiconductores lideraron las pérdidas: Meta desplomó 7,9%, AMD cayó 7,5%, Micron perdió 6,9% y Nvidia cedió 4,2%. En Europa, el STOXX 600 bajó 1,2% a 580,59, mientras el índice de confianza del consumidor alemán GfK para abril se desplomó a -28,0, muy por debajo del -27,3 esperado y en niveles no vistos desde la crisis energética de 2022. El contexto macro agrava la presión: la probabilidad implícita de un recorte de tasas de la Fed en 2026 se redujo de 95% hace un mes a apenas 8%, con futuros que ahora incorporan un 16% de probabilidad de al menos un alza. Los activos de renta fija tampoco escaparon al deterioro: el rendimiento del bono del Tesoro a 10 años escaló, y la subasta del bono a 7 años resultó con una cola de 46,5 puntos básicos frente a la emisión previa, señal de debilitamiento de la demanda por duración. En Asia, el Kospi de Corea del Sur desplomó más de 3% y el Nikkei 225 cayó 0,27%. La única contraparte positiva fue el sector energético: Exxon Mobil y ConocoPhillips avanzaron en línea con el crudo, con el Brent cerrando a USD 108,01 por barril, su mayor nivel desde el pico inicial del conflicto.

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