¿Qué impulsa los mercados hoy?

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El índice de actividad del sector servicios elaborado por el Institute for Supply Management (ISM) registró una desaceleración en marzo de 2026, con el PMI de servicios cediendo a 50.8 puntos desde los 53.5 del mes anterior, aunque manteniéndose por encima del umbral de 50 que separa expansión de contracción. El componente de actividad empresarial y nuevos pedidos mostró el mayor retroceso, señalizando una moderación en la demanda de servicios que podría anticipar una desaceleración más amplia del consumo privado en el segundo trimestre. El dato más preocupante para la política monetaria fue el subíndice de precios pagados, que escaló al nivel más alto en 3 años y 1 mes —aproximadamente desde diciembre de 2022—, impulsado por los mayores costos de energía, transporte y mano de obra. Esta combinación de enfriamiento en la actividad con aceleración de los precios del sector servicios refuerza el escenario de estanflación que la Reserva Federal busca evitar: el mercado laboral resiliente y las presiones de precios en servicios dejan poco margen para una flexibilización monetaria sin arriesgar un rebrote inflacionario.
A pesar de las señales diplomáticas positivas en torno al cese al fuego en Medio Oriente, los mercados físicos de petróleo —distintos de los futuros financieros— mantienen indicadores de estrés elevados: el diferencial backwardation entre el contrato spot y los futuros a 12 meses permanece en niveles amplios, reflejando escasez de oferta inmediata y preocupaciones sobre los inventarios disponibles en los principales hubs de almacenamiento de Europa y Asia. Las primas de los crudos físicos de referencia —Brent Dated, Dubai y WTI Midland— se mantienen elevadas respecto a sus contratos de futuros, lo que evidencia tensiones en el suministro de crudo de carga inmediata. Los traders de crudo físico consultados por Reuters señalaron que la normalización completa de los flujos de petróleo en el estrecho de Ormuz y en las rutas de exportación del Golfo Pérsico podría tardar semanas incluso tras un cese al fuego formal, dado que los contratos de carga, los seguros marítimos y la disponibilidad de buquetanque ya fueron afectados. Esta fricción operativa implica que el alivio de precio observado en los mercados de futuros podría no trasladarse con la misma velocidad a los mercados spot, manteniendo costos de importación de crudo elevados para los refinadores en el corto plazo.
La agencia de noticias estatal saudí informó que las actividades operativas fueron suspendidas en varias instalaciones energéticas del reino, sin precisar inicialmente el número de instalaciones afectadas ni la causa exacta de la paralización. La noticia generó una reacción inmediata en los mercados de energía, con el crudo Brent repuntando ante el temor de disrupciones en la producción de uno de los mayores exportadores de petróleo del mundo, que bombea alrededor de 9 millones de b/d y es el principal regulador de la oferta global dentro de la OPEP+. El incidente ocurre en un contexto de elevada tensión geopolítica en la región del Golfo Pérsico, lo que amplifica la sensibilidad del mercado ante cualquier señal de riesgo de suministro. Si bien las autoridades saudíes no confirmaron el alcance total del impacto operativo, la experiencia del ataque a las instalaciones de Abqaiq y Khurais en 2019 —que eliminó transitoriamente el 5% de la producción mundial— sirve como referencia para los operadores de mercado a la hora de cuantificar el riesgo de precio. Aramco no emitió comunicado oficial inmediato sobre la magnitud ni duración de las interrupciones.
Reuters analiza cómo Irán ha consolidado un control efectivo sobre el tránsito de crudo a través del estrecho de Ormuz —por donde fluye aproximadamente el 20% de la oferta global de petróleo, equivalente a unos 21 millones de barriles diarios (b/d)— utilizando su capacidad de amenazar o restringir el paso como herramienta de presión geopolítica y económica. La estrategia iraní busca elevar el costo financiero de cualquier acción militar en su contra y garantizar que la comunidad internacional perciba al crudo como variable de negociación en las tensiones regionales. El efecto práctico de esta postura es que introduce una prima de riesgo estructural en los precios del petróleo, que los analistas de Goldman Sachs y JPMorgan estiman entre USD 5 y USD 10 por barril sobre el precio de equilibrio de mediano plazo. Para las economías latinoamericanas importadoras de energía, esta prima se traduce directamente en mayores costos de importación, presión sobre la balanza de pagos y tensión inflacionaria en los sectores de transporte y energía eléctrica dependientes del diésel y el gas natural licuado (GNL).
El anuncio de un acuerdo provisional de cese al fuego en el conflicto de Medio Oriente provocó una reacción positiva en los mercados globales, con el S&P 500 repuntando en torno al 1.5% y el crudo Brent cediendo aproximadamente USD 4 por barril desde sus máximos recientes. Los activos de riesgo —acciones, monedas emergentes y bonos de alto rendimiento— registraron ganancias moderadas en la jornada, mientras los instrumentos de refugio como el oro y los bonos del Tesoro a 10 años corrigieron parte de su prima de riesgo geopolítico acumulada en semanas anteriores. No obstante, analistas y estrategas citados por Reuters advirtieron que el alivio de corto plazo no altera el panorama estructural: la inflación global se mantiene por encima de los objetivos de los bancos centrales, el crecimiento económico en EE.UU. y Europa se desacelera, y las cadenas de suministro energético siguen vulnerables ante potenciales recaídas del conflicto. Los mercados de opciones mantienen una prima de volatilidad implícita elevada para los próximos 30 y 60 días, lo que sugiere escepticismo sobre la durabilidad del acuerdo.
El Departamento de Comercio de EE.UU. publicó la revisión final del PIB del cuarto trimestre de 2025, reduciendo la estimación de crecimiento anualizado a 0.5%, por debajo de la lectura preliminar de 0.7% y significativamente inferior al 3.1% registrado en el tercer trimestre. La desaceleración reflejó una contracción en el consumo privado, una menor inversión en inventarios y un deterioro de la balanza comercial, factores agravados por la incertidumbre geopolítica derivada del conflicto en Medio Oriente y el impacto de los aranceles sobre los flujos comerciales. La revisión a la baja alimenta los temores de que la economía estadounidense podría estar entrando en una fase de estancamiento con inflación persistente. Con el PCE núcleo anclado en 3.0% y el crecimiento del PIB debilitándose, la Fed enfrenta un dilema de política monetaria clásico: recortar tasas para apuntalar el crecimiento arriesga reactivar la inflación, mientras que mantenerlas elevadas profundiza la desaceleración. Los mercados de bonos ajustaron al alza las probabilidades de recesión técnica en el primer semestre de 2026.
El índice de precios del gasto en consumo personal (PCE) subyacente —el indicador de inflación preferido por la Reserva Federal— registró una variación interanual del 3.0% en febrero de 2026, exactamente en línea con el consenso de analistas y sin variación respecto al mes previo. El dato consolida la narrativa de una inflación que se ha estabilizado por encima del objetivo del 2% de la Fed, dificultando cualquier giro dovish en la política monetaria en el corto plazo. La variación mensual del PCE núcleo fue de 0.3%, también consistente con las proyecciones del mercado. El dato implica que la Reserva Federal cuenta con escaso margen para reducir la tasa de fondos federales —actualmente en el rango de 4.25%–4.50%— en los próximos meses, especialmente en un contexto de mercados laborales todavía resilientes y presiones inflacionarias provenientes del sector energético por el conflicto en Medio Oriente. Los futuros de fondos federales descuentan apenas uno o dos recortes de 25 puntos básicos para el segundo semestre de 2026, con elevada incertidumbre sobre el calendario.
La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, advirtió en declaraciones a Reuters que el conflicto armado en Medio Oriente derivará en un menor crecimiento económico global acompañado de mayor inflación, configurando un escenario de estanflación que complica el margen de acción de los bancos centrales en economías avanzadas y emergentes. Georgieva señaló que los canales de transmisión más relevantes son el encarecimiento de la energía —con el crudo Brent sostenido por encima de los USD 85 por barril en el escenario base—, las disrupciones en las cadenas de suministro globales y el deterioro del sentimiento inversor, factores que el FMI incorporará en sus proyecciones actualizadas del World Economic Outlook. La directora del FMI subrayó que el impacto será desigual entre regiones: los países importadores netos de energía y con mayor exposición al comercio internacional enfrentarán los mayores costos, mientras que los exportadores de petróleo del Golfo Pérsico podrían beneficiarse transitoriamente de precios más elevados. Para América Latina, el escenario implica mayor presión inflacionaria importada, menor demanda externa y un entorno financiero internacional más restrictivo, lo que podría requerir que los bancos centrales de la región mantengan tasas de referencia elevadas por más tiempo del previsto.
Los desequilibrios de cuenta corriente globales han alcanzado niveles comparables a los registrados en la víspera de la crisis financiera de 2008, con EE.UU. acumulando un déficit externo que supera el 3.5% del PIB mientras China, Alemania y economías exportadoras de petróleo mantienen superávits persistentes. El análisis de Reuters señala que el desacoplamiento entre los patrones de ahorro e inversión a nivel global se ha profundizado tras la pandemia y los sucesivos shocks geopolíticos, con flujos de capital que privilegian activos en dólares y generan presión apreciadora sobre la divisa estadounidense, lo cual retroalimenta el propio déficit comercial. La ausencia de mecanismos de ajuste efectivos —dada la parálisis del sistema multilateral de comercio y la resistencia de los países con superávit a estimular su demanda interna— implica que estos desequilibrios podrían persistir o agudizarse. Para economías emergentes y latinoamericanas, la dinámica supone un entorno de dólar fortalecido y potencial volatilidad en los flujos de cartera, con presión sobre los tipos de cambio locales y los spreads soberanos en los mercados internacionales de deuda.
Los precios de los combustibles refinados en Asia cayeron en línea con el retroceso del crudo tras el cese al fuego EE.UU.-Irán, pero el estrés estructural de oferta persiste con fuerza. Según fuentes citadas por Reuters, la pérdida de aproximadamente 5 millones de barriles por día (b/d) de exportaciones de productos refinados desde Asia es el factor que mantiene los precios de los combustibles por encima de sus medias históricas, independientemente de la moderación en el precio del crudo subyacente. En marzo, los precios spot de jet fuel en Singapur marcaron un récord histórico de USD 225,44 por barril, y los crack spreads del diésel de bajo contenido de azufre (ULSD) —referencia para los mercados europeo y sudamericano— permanecen significativamente elevados respecto a sus niveles previos al conflicto. La escasez estructural en el segmento de refinación obedece a la imposibilidad de expandir rápidamente la capacidad instalada en Asia Pacífico, agravada por la disrupción en los flujos de crudo originada en el cierre efectivo del estrecho de Ormuz. Los contratos anuales de diésel y jet fuel para 2026 ya mostraban premios de 20 a 40 centavos por barril por encima de los niveles de 2025, tendencia que el conflicto en Irán ha exacerbado. Para Paraguay, que importa la totalidad de sus combustibles líquidos a través de Petropar y operadores privados, el retroceso coyuntural en precios spot podría aliviar transitoriamente los costos de abastecimiento. Sin embargo, la persistencia del estrés de oferta en refinación y la fragilidad del cese al fuego sugieren que dicho alivio sería de corta duración ante cualquier reescalada del conflicto que reactive el cierre de Ormuz.

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