¿Qué impulsa los mercados hoy?

¡Estas noticias te lo explican con claridad y perspectiva!

Moderna y Merck informaron que su vacuna personalizada de ARN mensajero, Intismeran, redujo el riesgo de recurrencia y diseminación del melanoma en un ensayo de fase avanzada, administrada en combinación con Keytruda, la inmunoterapia de Merck. El análisis interino del estudio —que enroló a 1.137 pacientes de alto riesgo con melanoma en estadios IIB-IV resecado quirúrgicamente, aleatorizados a recibir hasta nueve dosis de Keytruda más la vacuna personalizada o Keytruda en monoterapia durante aproximadamente un año— cumplió tanto el objetivo primario de reducción de recurrencia como el secundario de prevención de metástasis. Se trata del primer resultado positivo de fase avanzada para una vacuna oncológica de ARNm y del primer estudio que demuestra que agregar un tratamiento a Keytruda supera a esa terapia sola. Las compañías no divulgaron resultados detallados, que se presentarán en un congreso médico, y aún no disponen de datos de supervivencia global. La reacción de mercado fue pronunciada: las acciones de Moderna llegaron a subir hasta 160%, sumando cerca de USD 40.000 millones de capitalización bursátil y alcanzando máximos de varios años, mientras Merck avanzó 12% y el Nasdaq Biotechnology Index escaló 5,2% hasta un récord. Analistas de Barclays estimaron el mes pasado que la terapia podría generar ventas anuales de aproximadamente USD 3.000 millones en melanoma hacia 2035, y J.P. Morgan considera que el lanzamiento en melanoma adyuvante será clave para el retorno de Moderna a la rentabilidad. El presidente de Moderna, Stephen Hoge, indicó que dada la designación de terapia innovadora el producto podría estar disponible tan pronto como el año próximo, y que ya existen conversaciones con reguladores; no se ha definido el precio. En enero las compañías habían reportado resultados de fase intermedia que mostraban una reducción de 49% en el riesgo de recurrencia o muerte a cinco años. Fuente: Reuters — análisis editorial Sudameris
El presidente Donald Trump anunció el lanzamiento de lo que describió como "la operación económica más aplastante jamás emprendida contra país alguno" contra Irán, amenazando con severas penalidades financieras a cualquier nación que ayude a Teherán a eludir sanciones. En una publicación en Truth Social calificó la iniciativa como "guerra económica y aislamiento a una escala sin precedentes" y como un "D-Day económico", identificando como canales a cerrar de inmediato el contrabando de petróleo, las líneas de swap de divisas, las transferencias de efectivo, las casas de cambio, los registros navieros y las empresas de fachada. Advirtió que todo país cuyas instituciones financieras, empresas, aeropuertos o entidades gubernamentales ofrezcan un "salvavidas" a Irán enfrentará consecuencias económicas propias. El anuncio extiende la campaña de presión que la administración desarrolla desde abril bajo la denominación Operation Economic Fury. El canciller iraní Seyed Abbas Araghchi rechazó la amenaza calificándola de distracción respecto de la propia crisis estadounidense de deuda creciente y costos de interés al alza, acusó a Washington de "terrorismo económico" y advirtió que la campaña amenaza a la economía global y a la soberanía de terceros países. El viceministro de Relaciones Exteriores Kazem Gharibabadi afirmó que "la guerra militar no dio resultados, así que ahora le pusieron a su próximo fracaso el nombre de guerra económica", negando que la economía iraní esté al borde del colapso. El vocero de la cancillería china, Lin Jian, sostuvo que imponer sanciones y presión económica "no ayudará a resolver el problema". Mehrdad Sepahvand, ex asesor económico del Banco Central de Irán, señaló a CNBC que pese a la alta inflación y las condiciones recesivas no se observan compras de pánico ni corridas bancarias significativas tras casi seis meses de conflicto. Fuente: CNBC — análisis editorial Sudameris
Las minutas de la reunión del FOMC del 28 y 29 de julio mostraron que "varios" responsables de política monetaria estaban dispuestos a subir la tasa de interés y que "muchos" señalaron que un aumento sería necesario si la inflación no desciende hacia el objetivo del 2%. Quienes favorecían un alza inmediata argumentaron que las presiones de precios lucían generalizadas y que el Comité debía adoptar una postura más restrictiva, advirtiendo que no hacerlo arriesgaría "una secuencia de movimientos de endurecimiento más pronunciada y potencialmente más costosa en una etapa posterior". El FOMC mantuvo la tasa de referencia en el rango de 3,50%-3,75%, con tres disidencias a favor de un aumento de 25 puntos básicos. No hubo mención alguna de apoyo a un recorte, señal del giro del debate en un año que había comenzado con expectativas de flexibilización. Las minutas —correspondientes a la segunda reunión de Kevin Warsh al frente del organismo— revelaron además que el Comité comenzó a abordar aspectos de la posible reforma institucional impulsada por el presidente. Los participantes consideraron la próxima revisión de una task force sobre la gestión del balance como una "oportunidad para una discusión integral", si bien "muchos" reafirmaron que el instrumento primario de ajuste de la política monetaria debe ser el rango objetivo de la tasa de fondos federales y no la manipulación de las tenencias de activos. Warsh también solicitó opiniones sobre la conveniencia de reducir el calendario a seis reuniones anuales en lugar de las ocho actuales, permitiendo acumular dos meses completos de datos entre encuentros; no se adoptaron decisiones y el cronograma de 2026 no se alterará. Los mercados de futuros de tasas continúan asignando probabilidades algo superiores al 50% a un inicio del ciclo de alzas en la reunión del 27 y 28 de octubre y, en su defecto, una probabilidad muy alta para diciembre; se espera que la Fed mantenga la tasa sin cambios en la reunión del 15 y 16 de septiembre. Fuente: Reuters — análisis editorial Sudameris
El columnista Jamie McGeever examina si el récord de emisión corporativa vinculada a la construcción de infraestructura de inteligencia artificial está desplazando la demanda de títulos del Tesoro. Los datos son contundentes en escala: entre enero y mediados de agosto la emisión corporativa estadounidense totalizó USD 1,68 billones según SIFMA, un alza cercana al 27% interanual, con USD 153.200 millones en lo que va de agosto, superando los USD 147.700 millones de julio. El sector de "alta tecnología" representa apenas 12,8% de la emisión de 2026 —muy por detrás del 45,2% del sector financiero—, pero crece más rápido que cualquier otro: la emisión de IA y grandes tecnológicas superó los USD 220.000 millones en 2026 según LSEG, el doble del total del año pasado. Buena parte se coloca a 20 y 30 años, añadiendo oferta de duración; un documento de trabajo de la Fed de Dallas concluyó que el financiamiento de centros de datos aportará "riesgo de duración adicional significativo" al mercado de tasas. La columna presenta el contraargumento: estrategas de Goldman Sachs sostienen que el efecto derrame ha sido limitado incluso con el financiamiento vinculado a IA representando cerca de un cuarto de la emisión bruta con grado de inversión, señalando que los spreads crediticios promedio de emisores no vinculados a IA se mantienen históricamente ajustados. Su regla empírica, basada en el impacto de duración del endurecimiento cuantitativo, implica un alza de apenas 5 puntos básicos en los costos de financiamiento corporativo. McGeever apunta que las turbulencias soberanas fueron globales —con Japón como caso más severo, centrado en la credibilidad de su banco central— y que el detonante principal del encarecimiento del crédito estadounidense sería Kevin Warsh, específicamente sus comentarios en el foro del BCE en Sintra el 1 de julio y tras la reunión de política monetaria cuatro semanas después, que dejaron a los inversores sin claridad sobre eventuales cambios en el objetivo de inflación de la Fed. Con la inflación por encima del 2% durante cinco años consecutivos, la reacción del bono largo sugiere que los inversores no comparten la confianza de Warsh en que la inflación cederá sin un endurecimiento monetario. Fuente: Reuters Open Interest — análisis editorial Sudameris
El columnista de energía Ron Bousso plantea que la industria global de refinación se encuentra al límite y que los precios de diésel y gasolina podrían permanecer elevados durante años. La divergencia entre crudo y productos refinados ilustra el problema: el Brent opera en torno a USD 90 por barril, 25% por encima del nivel previo al inicio del conflicto el 28 de febrero pero muy por debajo del pico bélico de USD 118, mientras el diésel europeo acumula un alza superior al 70% y la gasolina estadounidense de aproximadamente 60%. La guerra inutilizó más del 20% de los 9,6 millones de barriles diarios de capacidad de refinación de Medio Oriente según la Agencia Internacional de Energía, con exportaciones de combustibles deprimidas por el cierre del Estrecho de Ormuz; el efecto se amplificó con los ataques ucranianos a infraestructura energética rusa, que redujeron el procesamiento de Rusia casi 30% a menos de 4 millones de b/d y forzaron la prohibición de exportaciones de diésel en julio. Los márgenes de refinación alcanzaron niveles sin precedentes: los cracks de diésel europeos más que triplicaron desde febrero superando los USD 75 por barril, y los márgenes de diésel estadounidenses subieron más de 140% hasta un récord de USD 100. El colchón de inventarios previo a la guerra se agotó —los stocks globales cayeron a un ritmo de 3,5 millones de b/d entre marzo y julio, equivalente a más del 3% de la demanda mundial— y las existencias de diésel de EE.UU. se ubican en el nivel estacional más bajo en tres décadas, con la gasolina en su punto más débil desde 2012. El procesamiento global del segundo trimestre fue 5,1 millones de b/d menor interanual frente a una caída de demanda de 4 millones de b/d, dejando un déficit superior a 1 millón de b/d; para el tercer trimestre se proyecta un retroceso de 4,1 millones de b/d en procesamiento contra apenas 2,4 millones de b/d en demanda. Bousso advierte que ni siquiera una reapertura permanente de Ormuz traería alivio rápido, dado que más de 20 refinerías del Golfo sufrieron daños y los plazos de entrega de compresores, intercambiadores de calor y catalizadores especializados ya estaban extendidos antes del conflicto. Los datos de inflación ya reflejan la presión: el IPC estadounidense subió 3,4% interanual en julio con un alza de 14,7% en energía y 24,6% en gasolina, la inflación de la eurozona se aceleró a 2,9% con energía en +10%, y el índice de precios al productor de Japón avanzó 7,2%. Fuente: Reuters Open Interest — análisis editorial Sudameris
El columnista Mike Dolan sostiene que la duplicación de recompras logró retrotraer las tasas de 10 a 30 años desde máximos de varias décadas, pero que el alivio será efímero mientras no se aborden la deuda creciente, la inflación persistente y las dudas sobre la dirección de la Reserva Federal. La columna señala la conveniencia del momento —una subasta de bonos a 20 años ese mismo día y una ventana de recompras programada para los dos meses previos a las elecciones legislativas del 3 de noviembre— y establece un paralelo con la intervención cambiaria conjunta con Japón del 31 de julio, cuyo efecto sobre el yen se revirtió posteriormente. El "term premium" del bono a 10 años se ubica en su nivel más alto en 12 años, y las recompras no alteran los totales de deuda: sólo reordenan la composición. Sobre los fundamentos, la columna consigna que la deuda en manos del público de USD 32 billones se aproxima al 100% del PIB, con un déficit fiscal anual cercano al 6% del PIB que se mantuvo en 5,5% o más durante seis años consecutivos, sin plan de reducción a la vista. Las estimaciones de recaudación arancelaria fueron socavadas por el fallo de la Corte Suprema de febrero contra el grueso de las medidas, con más de USD 100.000 millones ya reintegrados a empresas. Dolan describe la estrategia implícita del Tesoro como una variante de "Operation Twist": concentrar la nueva emisión en letras y plazos cortos —las letras ya representan 22% del mercado, seis puntos porcentuales más que hace menos de un año y el triple de la participación de hace una década— a la espera de que la Fed recorte tasas. Estrategas de HSBC estiman que el compromiso de no aumentar el tamaño de las emisiones de cupón "por varios trimestres" podría romperse ya en mayo de 2027. Saravelos, de Deutsche Bank, advierte que si el precio de mercado de los títulos no puede ajustar a la baja, el ajuste se producirá vía debilitamiento del dólar, limitando el retorno total de los tenedores extranjeros. Fuente: Reuters Open Interest — análisis editorial Sudameris
El Wall Street Journal caracteriza la ampliación de recompras del miércoles como la intervención más radical del secretario del Tesoro Scott Bessent hasta la fecha, en respuesta a un alza incómoda de las tasas de interés de mayor plazo. Ex gestor de fondos de cobertura especializado en apuestas macro basadas en análisis geopolítico y de datos económicos, Bessent —que cumple 64 años esta semana— se ha autodenominado "el principal vendedor de bonos del país" y ha manifestado abiertamente su intención de comprimir los rendimientos para reducir las tasas hipotecarias y otros costos de financiamiento. El plan no se materializó: los rendimientos del Tesoro, que fijan un piso para las tasas de interés de toda la economía, vinieron subiendo sostenidamente en los últimos meses, con el bono a 30 años superando 5,3% esta semana —máximo en casi dos décadas—, las tasas hipotecarias promedio volviendo a acercarse al 7% y el déficit fiscal en torno al 6% del PIB, muy por encima del objetivo de largo plazo de 3% fijado por el propio Bessent. Según datos de Tullett Prebon, el rendimiento a 30 años cayó desde un rango de 5,26%-5,29% previo al anuncio hasta aproximadamente 5,185% al cierre del 19 de agosto. Aunque la medida fue presentada como una maniobra técnica para mejorar el funcionamiento del mercado, buena parte de Wall Street la interpretó como un esfuerzo directo por alcanzar los objetivos declarados de Bessent, y el efecto inicial fue inmediato: el rendimiento a 30 años cedió casi una décima de punto porcentual en las primeras horas y el S&P 500, el Dow Jones Industrial Average y el Nasdaq Composite cerraron con alzas de 0,2%. John Briggs, jefe de estrategia de tasas de EE.UU. en Natixis CIB, señaló que el momento del anuncio sugiere claramente "que no les gustaba lo que estaba pasando" y que, aun si el Tesoro no llega a comprar muchos más bonos, la señal es que el Gobierno siempre puede hacer más para contener los rendimientos. Asumiendo un ritmo sostenido de USD 4.000 millones por operación, el Tesoro recompraría USD 128.000 millones anuales de papel de 10 a 30 años: cerca del 30% de la emisión esperada en esos plazos según Natixis, pero apenas 2,4% de la deuda viva en esos tramos. Las lecturas críticas apuntan a la dimensión política —Edison Byzyka, director de inversiones de Credent Wealth Management, sostuvo que las mayores recompras buscan bajar tasas de cara a las elecciones legislativas y que ello "pone en cuestión la validez del mercado de bonos estadounidense"—, y contrastan con la posición del propio Bessent en 2024, cuando argumentó que la administración Biden había "distorsionado los mercados del Tesoro" al emitir demasiadas letras de corto plazo. El Departamento del Tesoro no respondió a los pedidos de comentario. Fuente: The Wall Street Journal — análisis editorial Sudameris
El presidente Donald Trump expresó su frustración por la falta de recortes de tasa de interés de la Reserva Federal, argumentando que los datos económicos sólidos no deberían impedir una postura más laxa. Trump excluyó de sus críticas al presidente de la Fed, Kevin Warsh —a quien nominó y que asumió en mayo en reemplazo de Jerome Powell, hoy gobernador—, y apuntó en cambio contra el directorio: "el problema es que tiene un board, y es un board político. Gente puesta por Obama, Biden y por mí (...) y votan por subir las tasas de interés". La Fed no ha votado un aumento de su tasa de referencia en más de tres años; en 2025 el FOMC recortó tres veces en la segunda mitad del año, tras tres reducciones el año previo. Trump vinculó explícitamente la demanda de tasas más bajas con el costo de financiamiento de una deuda cercana a los USD 40 billones y comparó desfavorablemente la posición estadounidense con la de Suiza, cuya tasa de referencia se ubica en torno a cero: "veo países como Suiza donde tienen las tasas de interés más bajas, medio punto, y nosotros pagamos tres y medio", agregando que tiene "el derecho absoluto de cortar todo negocio con un país como Suiza". Sus declaraciones coincidieron con la publicación de las minutas del FOMC de julio, que mostraron que "muchos" funcionarios esperan que sean necesarias tasas más altas salvo que la inflación muestre mayor progreso; la tasa anual permanece muy por encima del objetivo del 2%. La economía estadounidense creció a una tasa anualizada de apenas 1,5% en el segundo trimestre, por debajo de las expectativas y del 2,1% del primer trimestre. Trump sostuvo además que no considera que EE.UU. tenga un problema en el mercado de bonos. Fuente: CNBC — análisis editorial Sudameris
El dólar se debilitó frente a las principales divisas tras el anuncio de recompras del Tesoro. El euro subió 0,78% a USD 1,16640, su nivel más alto en más de dos meses y medio; la libra esterlina avanzó 0,48% a USD 1,3597, máximo desde el 11 de mayo; el dólar cedió 1,65% frente al franco suizo a 0,7992, mínimo desde mediados de junio; y el yen se fortaleció 0,70% a 158,48 por dólar, alejándose del nivel de 160 vigilado por las autoridades tras haber devuelto buena parte de las ganancias de la intervención. El índice dólar cerró con una baja de 0,72% en 98,93, su nivel más bajo desde fines de mayo. En el mercado de renta fija, el rendimiento del bono a 30 años cayó casi 10 puntos básicos a 5,1942% y el del bono a 10 años retrocedió 4,56 puntos básicos a 4,66%. Juan Perez, director de trading de Monex USA, señaló que el anuncio "sugiere una política monetaria expansiva y la disponibilidad de más dólares en el mercado", sumándose a otros factores negativos para la divisa como una Reserva Federal poco comunicativa y la ausencia de avances en las tensiones de Medio Oriente. George Saravelos, estratega de Deutsche Bank, advirtió que el Tesoro deberá emitir más letras para financiar la remoción de duración del mercado y que, en la medida en que ello relaje las condiciones financieras, "argumentablemente requeriría un endurecimiento compensatorio de la Reserva Federal"; si el presidente Kevin Warsh no reconoce la recompra como factor de relajamiento, el efecto sería adicionalmente negativo para el dólar. El Brent subió 0,66% para cerrar en USD 91,62 ante la escalada de tensiones en Medio Oriente. Fuente: Reuters — análisis editorial Sudameris
Los rendimientos soberanos de mayor plazo retrocedieron desde máximos de varias décadas tras el anuncio del Tesoro estadounidense. Los rendimientos largos en EE.UU. cayeron hasta 10 puntos básicos, arrastrando a la baja también a la deuda soberana europea; los bonos largos alemanes y franceses, que previamente habían tocado máximos de 15 y 18 años respectivamente, cerraron en terreno negativo. En renta variable, el Nasdaq Composite avanzó 0,16%, el S&P 500 subió 0,21% y el Dow Jones Industrial Average ganó 0,22%, mientras el índice global de MSCI cedió 0,05%. Gennadiy Goldberg, jefe de estrategia de tasas de EE.UU. en TD Securities, calificó la medida como "la primera de muchas acciones posibles", señalando que "una medida más permanente sería reducir el tamaño de las subastas del tramo largo". La caída de rendimientos pesó sobre el dólar: el índice DXY retrocedió 0,84% a 98,80, el euro subió 0,88% a USD 1,1676 y el dólar se debilitó 0,93% frente al yen a 158,15. El oro al contado saltó 4,05% a USD 4.508,64 la onza, mientras el bitcoin ganó 6,06% a USD 68.470,91 y el ether avanzó 10,13% a USD 2.106,22 —divergencia que refleja la creciente inquietud sobre la trayectoria de deuda estadounidense y la rotación hacia activos duros. En energía, el crudo cerró en máximos de casi cuatro semanas: el WTI subió 0,77% a USD 85,59 por barril y el Brent avanzó 0,44% a USD 91,42, ante la decisión de Emiratos Árabes Unidos de suspender toda transacción financiera y económica con Irán y la lentitud persistente del tráfico marítimo por el Estrecho de Ormuz. El alza del rendimiento del bono japonés a 10 años hacia el 3%, máximo de tres décadas, constituye una señal adicional de alerta para los mercados de deuda globales. Los operadores asignan una probabilidad de 31% a una suba de tasa de interés en septiembre, que se eleva a 65% para diciembre. Fuente: Reuters — análisis editorial Sudameris

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