Cien ediciones del Weekly, y el número redondo cae justo cuando Ormuz reincide, la IA se desinfla y Paraguay sigue facturando de espaldas al ruido

Cien ediciones dan para ver muchos ciclos, pero pocas semanas condensan tantos géneros a la vez. El acto central lo puso Ormuz, que en apenas cinco meses de guerra ya estrena segunda temporada: Washington reinstauró el bloqueo naval sobre Irán, se autoproclamó guardián del estrecho, le puso un peaje del 20% a una vía que el derecho internacional declara gratuita y completó su sexta noche consecutiva de bombardeos. El Brent respondió con el reflejo condicionado de rigor —+9,6% en una sola sesión, su mayor avance diario desde 2020—, y la Fed, que recibió el mejor dato de inflación en meses (IPC de junio en 3,5%), se negó a festejarlo, con Waller amenazando abiertamente con subir tasas. Del otro lado del planeta, el KOSPI confirmó su entrada en mercado bajista tras desplomarse 28% y el AI trade sufrió la colisión de trenes que venía anunciando, con SpaceX devolviendo más de USD 1,2 billones en cinco semanas y los bajistas anotándose USD 8.700 millones. En el medio, Paraguay se dio el lujo escaso de la calma: guaraní firme en torno a G. 6.000, superávit comercial récord de USD 747 millones e inflación importada en terreno negativo. La geopolítica escribe el drama, la inteligencia artificial paga (y a veces revienta) la boletería, y una economía pequeña y ordenada puede darse el lujo de mirar el incendio desde la orilla. Por ahora.

Paraguay

La actividad económica crece 5,6% hasta mayo y decide no leer los titulares internacionales

El Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAEP) acumuló una expansión de 5,6% en los primeros cinco meses del año, con el sector primario como principal impulsor (+9,9%) gracias a mayores estimaciones de soja, caña de azúcar, mandioca y girasol; el secundario aportó 4,3% y los servicios 5,1%. La letra chica, como en todo buen informe, matiza la celebración: la variación interanual de mayo se moderó a 1,9%, las manufacturas cayeron 1,6% y la construcción se contrajo por el menor ritmo de obra pública. Aun excluyendo agricultura y binacionales, el IMAEP creció 4,9% acumulado, señal de que la economía descansa sobre más de un pilar —una diversificación que buena parte de la región todavía observa con cierta envidia.

La remontada comercial: De déficit a superávit de USD 747 millones en doce meses

El comercio exterior cerró el primer semestre de 2026 con un superávit de USD 746,6 millones, revirtiendo el déficit de USD 373,8 millones de un año atrás: una corrección de más de USD 1.100 millones. Las exportaciones treparon 23,6% hasta USD 10.162,8 millones, con la soja liderando (+50,9% en valor) y la maquila creciendo 29,6%, mientras las importaciones avanzaron un más comedido 9,6%. El ingreso neto de divisas fortalece la posición externa y descomprime el tipo de cambio, ayudando a explicar la apreciación del guaraní. No todo fueron aplausos: la energía eléctrica exportada cayó 12,3% (el BCP apuntó a Itaipú y, curiosamente, a la criptominería como sospechosos) y la carne bovina retrocedió 12,8% en valor, en lo que el BCP describe con diplomacia como una «recomposición del sector». Traducción para el resto de los mortales: menos kilos para vender, aunque cada cabeza pese más.

Déficit de USD 966 millones con Europa, pero la revancha ya está firmada por contrato

La balanza comercial con la Unión Europea cerró 2025 con un déficit de USD 966,3 millones —exportaciones por apenas USD 399,5 millones (-6,7%) frente a importaciones por USD 1.365,9 millones—, quinto año consecutivo en rojo, aunque la UE apenas representa el 5,8% del comercio total paraguayo. Aquí el panorama cambia de signo: el Acuerdo de Asociación Mercosur-UE, firmado el 17 de enero de 2026 en Asunción y ya en vigor provisional, promete eliminar aranceles para cerca del 92% de las exportaciones del bloque sudamericano. La oportunidad está pactada; ahora falta la parte difícil, que es siempre la que define el resultado: convertir un tratado en contenedores.

El Chaco se muda al Pacífico: Hasta catorce días menos de viaje y una excusa menos para la demora

El puente de la Bioceánica, que unirá Carmelo Peralta con Puerto Murtinho, se acerca a su cierre estructural: 1.294 metros de longitud y una inversión de USD 103 millones financiada por Itaipú. Una vez operativo junto al corredor completo (2.396 kilómetros entre Brasil, Paraguay, Argentina y Chile), la ruta Santos–Antofagasta–Shanghái quedaría en unos 37 días frente a los 49 actuales, y mover un contenedor de 20 pies a Shanghái costaría cerca de USD 1.520 contra los USD 2.170 de la ruta atlántica vía Santos. El potencial de mediano plazo es el verdadero titular: las 145.000 hectáreas agrícolas del Chaco podrían triplicarse en una década y el comercio con Chile duplicarse en menos de cuatro años. Considerando que hoy el 54% de las exportaciones va a Sudamérica y apenas el 16% a Asia, la obra es menos un puente y más una corrección de rumbo geográfico. Con la salvedad de rigor: el corredor todavía avanza por etapas y financiado a préstamos, de modo que el ahorro conviene celebrarlo el día que el primer contenedor efectivamente cruce, y no antes.

El consumidor levanta la cabeza, pero todavía no suelta la billetera

El Índice de Confianza del Consumidor (ICC) del BCP subió a 41,23 puntos en junio (+3,02 respecto a mayo), pero sigue por debajo del umbral neutral de 50 —territorio de pesimismo— y 6,44 puntos por debajo de un año atrás, en la clásica disociación paraguaya entre «el presente está complicado» y «pero el año que viene mejora». La contradicción con los datos duros (economía en 5,6%, superávit comercial récord) es el detalle más interesante de la semana: los agregados pintan un semestre notable, pero en la góndola el hogar promedio todavía no lo siente, con solo el 15% declarando capacidad de ahorro. Mejoró, eso sí, la disposición a comprar electrodomésticos, viviendas y vehículos, coherente con un guaraní fuerte que abarata lo importado. La lectura es casi conductual: el paraguayo confía más en el pronóstico que en el presente y prefiere esperar a que la mejora macro llegue a su bolsillo antes de darla por cierta. Prudencia que, vista la volatilidad de los últimos años, cuesta reprocharle.

Déficit fiscal en 1,2% del PIB: El gasto acelera más rápido que la recaudación

El déficit fiscal acumulado a junio de 2026 alcanzó G. 4.689 mil millones (USD 732,1 millones, -1,2% del PIB), con el anualizado en -2,6%, todavía dentro del rango que exige la disciplina fiscal pero con una asimetría que conviene mirar de cerca: los ingresos totales crecieron apenas 0,5% mientras el gasto total se expandió 11,7%. Esa brecha de más de once puntos entre gasto e ingresos es la parte que quita el sueño. El aumento se concentró en remuneraciones, prestaciones sociales y transferencias (incluido el programa Hambre Cero), mientras la inversión pública se ubicó por encima del promedio histórico del semestre (USD 472,9 millones, +22,6% interanual). En síntesis: Paraguay gasta más y mejor en obra e inversión social, pero la sostenibilidad exige que, tarde o temprano, la recaudación aprenda a correr al mismo ritmo que el gasto. El gasto público tiene la costumbre de ser fácil de encender y notablemente difícil de apagar.

Estados Unidos

Trump propone peaje del 20% en Ormuz: El guardián que cobra entrada

Hay una línea delgada entre proteger una vía marítima y cobrar protección por ella, y esta semana Trump decidió pararse cómodamente del lado equivocado: anunció un cargo del 20% sobre toda la carga que transite por el Estrecho de Ormuz, se autoproclamó «guardián» de la vía y reimpuso el bloqueo a puertos iraníes. La Organización Marítima Internacional respondió que «no existe base legal para introducir peajes obligatorios por el tránsito de un estrecho» —posición que coincide textualmente con la que el propio Secretario de Estado Marco Rubio había articulado semanas antes para rechazar los peajes propuestos por… Irán. El guión se escribe solo. El excenviado David Goldwyn calificó el 20% de «bastante extorsivo», y el canciller iraní Abbas Araghchi respondió que Irán controla la vía y merece compensación, aunque concedió magnánimamente que «el 20% es demasiado. Seremos justos». La diplomacia internacional ha alcanzado el punto donde dos países compiten por cobrar peaje sobre una ruta que el derecho internacional establece como gratuita. Si Tony Soprano tuviese acceso a Truth Social, el resultado se parecería bastante a esto.

Waller levanta la mano: Si la inflación no cede, la Fed subirá tasas — y no está bromeando

Christopher Waller decidió que la sutileza está sobrevalorada. El gobernador de la Fed ofreció el discurso más hawkish en meses, declarando que la política monetaria está en una «encrucijada» y que podría ser necesario subir tasas «en el corto plazo»: cinco a seis meses consecutivos de lecturas inflacionarias al alza y una advertencia sin espacio para la interpretación creativa —»si recibo otra lectura alta, la voy a tratar como señal, no como ruido»—. La línea que arrancó risas a la sala de economistas fue la más reveladora: «Mirar fijamente a la inflación hasta que se derrita ante nuestra mirada fulminante no es una opción». Lástima que esa fue precisamente la estrategia de los últimos seis meses. El contraste con el nuevo presidente Kevin Warsh es de manual: mientras Warsh cultiva el misterio, Waller apuesta por transparencia radical («sorprender a la gente no es buena idea»). Los mercados descuentan 40% de probabilidad de suba en julio, y sobre las task forces de Warsh el gobernador fue brutalmente honesto: «si estás haciendo un cambio de régimen, no le pedís al régimen actual que dirija el grupo de trabajo».

Posicionamiento en máximos históricos: El mercado donde todos ya compraron y nadie quiere irse primero

Existe un viejo chiste en Wall Street sobre el último en salir apagando la luz; esta semana, los datos sugieren que nadie planea irse. La encuesta de gestores de Bank of America mostró la asignación de efectivo cayendo a 3,6%, activando una señal de cautela que el mercado suele ignorar con el entusiasmo de un adolescente ante el toque de queda. Deutsche Bank ubicó a las estrategias sistemáticas en máximos históricos y Société Générale coronó el cuadro: la renta variable trepó a un récord de 64,7% de los activos. En términos técnicos, el mercado está all-in; en coloquiales, no queda nadie afuera a quien venderle. Goldman Sachs y JPMorgan coinciden en que, con un posicionamiento tan estirado, las ganancias deberían superar de forma contundente expectativas ya «perfectas» para que el rally encuentre oxígeno —JPMorgan lo llamó un escenario «más perfecto que Goldilocks»—. En criollo: la economía está en ese punto de asado en que la carne está perfecta y nadie se anima a tocar la parrilla, porque cualquier movimiento la arruina. Cuando la única condición para seguir subiendo es que los resultados sean mejores que la perfección, conviene recordar que la perfección, por definición, no tiene un piso superior.

IPC de junio: La inflación baja, pero la Fed se niega a celebrar

El IPC de junio entregó la mejor noticia que el mercado había recibido en meses —y aun así nadie descorchó champagne—: la inflación se desaceleró a 3,5% interanual desde 4,2%, con una caída mensual de 0,4%, la primera desde abril de 2020, y un núcleo que bajó a 2,6%. La sorpresa fue doblemente favorable frente al 3,8% proyectado. En circunstancias normales, este sería el dato que permitiría a la Fed relajarse; estas no son circunstancias normales. La moderación tiene un origen identificable —el retroceso de precios energéticos— y una fecha de vencimiento que depende enteramente de la geopolítica del Estrecho de Ormuz: los mercados mantuvieron cerca de 60% de probabilidad de suba en septiembre, y la reanudación del conflicto amenaza con devolver al petróleo adonde estaba antes de que este dato existiera. El IPC de junio es el equivalente macroeconómico de un día soleado en plena temporada de huracanes: agradable, fotogénico y probablemente temporal.

Mundo

El KOSPI cayó 28%, sigue arriba 60% y nadie sabe si celebrar o llamar a un cardiólogo

El KOSPI confirmó lo impensable: entró en mercado bajista tras desplomarse cerca de 28% desde su máximo intradía del 19 de junio, tocando el martes un piso cercano a 6.780 (caída diaria de 8,95%, la cuarta mayor de su historia en puntos). El «Black Thursday» del 16 remató la escena: cerró en 6.820,60 (-6,37%), con Samsung Electronics y SK Hynix —que juntas superan la mitad del índice y explicaron más del 78% de las ganancias del semestre— cayendo 8,77% y 11,53%. El detonante: toma de ganancias, temor a que las utilidades de semiconductores hayan tocado techo, alertas de Morgan Stanley sobre cancelaciones de data centers y la IPO de USD 8.550 millones de la china CXMT amenazando la competencia en memoria.

Colisión de trenes en Wall Street: El petróleo sube, los bonos se rompen y la IA pierde el brillo

El mercado vivió el día que llevaba semanas fingiendo que nunca llegaría: petróleo, bonos, dólar y equities de alta beta moviéndose todos en la dirección equivocada a la vez. El chispazo fue Ormuz, con Trump restableciendo el bloqueo a la navegación iraní y los cruces del Estrecho recortados cerca de 52%, empujando el Brent sobre USD 83 (+9,6%). El dato macro alivió apenas —el CPI de junio se enfrió a 3,5%, recortando las probabilidades de suba de la Fed en julio de más de 40% a cerca de 20%— y los megabancos aportaron utilidades combinadas superiores a USD 49.000 millones, incluyendo, con ironía que no pasa desapercibida, unos USD 500 millones en comisiones por sacar a SpaceX a bolsa. Pero bajo la superficie la maquinaria crujía: los rendimientos reales del Treasury a 10 años treparon de 2,11% a 2,34%, y la velocidad —más que el nivel— amenaza con endurecer las condiciones financieras hasta un punto que las acciones ya no puedan ignorar. Los semiconductores arrastraron al Nasdaq bajo su media móvil de 50 días. Durante meses los mercados trataron el petróleo caro, los rendimientos altos y la tecnología cara como problemas separados; esta semana llegaron todos juntos, y el AI trade construido sobre demanda infinita, tasas a la baja y crédito indulgente vio sus tres supuestos cuestionados en la misma sesión.

Inteligencia Artificial

SpaceX, o cómo perder USD 1,2 billones sin salir de órbita

La mayor IPO de la historia se transformó, en cinco semanas, en el caso testigo de la euforia sin combustible. SpaceX, que debutó a USD 150 el 12 de junio y trepó 66% hasta USD 225,64 en cuatro días —acariciando los USD 3 billones de capitalización—, cerró el jueves 16 por debajo de su precio de colocación de USD 135 por primera vez (USD 131,11) y llegó a caer hasta USD 124 en el after-hours tras posponerse el vuelo de prueba del Starship por problemas de motor, en un timing que solo un guionista cruel podría diseñar. La capitalización se contrajo más de USD 1,2 billones desde su pico y, para no perder la costumbre, la compañía emitió USD 25.000 millones de deuda apenas días después de levantar USD 75.000 millones, porque nada tranquiliza a un accionista nervioso como más apalancamiento.

Los bajistas cobran USD 8.700 millones, y Musk recupera a su enemigo favorito

Los short sellers que apostaron contra SpaceX acumulaban USD 8.700 millones de ganancia en papel al 16 de julio según Ortex —cifra que casi se duplicó en un solo día mientras la venta se aceleraba—. El interés corto escaló de un modesto 5%-7% del float en torno a la IPO hasta cerca de 29%-31%, con unos 185 millones de acciones prestadas; como referencia de lo anómalo, apenas el 1% de Nvidia está en corto. El detalle que eleva esto de estadística a narrativa es doble: la mecánica del apalancamiento (Ortex estima que cada dólar que se mueve SpaceX vale más de USD 300 millones para el lado corto, con el short squeeze todavía como riesgo real) y la contraparte, porque apostar contra una empresa de Musk es deporte de alto riesgo dado su historial de batallas públicas contra los bajistas. Como resumió Peter Hillerberg, de Ortex: «SpaceX ha sido una montaña rusa para los short sellers, y ha terminado firmemente a su favor; en lugar de tomar ganancias, los bajistas siguieron sumando durante toda la caída». La recalibración, como Seúl aprendió esta semana, rara vez es ordenada.

Petróleo

Ormuz recarga: el peaje del 20% y un Brent que se acordó de cómo subir 9,6% en un día

El crudo tocó máximos de cuatro semanas tras la reinstauración del bloqueo naval estadounidense sobre Irán y la escalada cruzada de ataques: hacia el martes el Brent cotizaba en torno a USD 86,47 (+3,81%) y el WTI en USD 80,29, niveles no vistos desde antes del MoU del 17 de junio que, evidentemente, tuvo la vida útil de un yogur abierto. El dato que ordena todo lo demás es el de la sesión previa: un salto del 9,6% en el Brent, su mayor avance diario desde mayo de 2020. La novedad conceptual la aportó Washington con su peaje del 20% para custodiar el paso, que Andy Lipow (Lipow Oil Associates) tradujo a números incómodos: cerca de USD 16 por barril embarcado. El costo humano fue más directo que cualquier spread —un tripulante indio murió y otros ocho resultaron heridos cuando dos petroleros emiratíes fueron alcanzados por misiles iraníes en aguas de Omán—, y el tráfico habla por sí solo: Kpler contabilizó apenas 14 embarcaciones el domingo frente a 37 una semana antes, dejando la proyección de la AIE de un mercado en superávit hacia fines de 2026 en el terreno de la ficción optimista.

La fortaleza petrolera china: Cómo Beijing pasó de rehén del crudo a carcelero del precio

En una columna de Reuters, Ron Bousso desarma la sorpresa mejor guardada de la guerra: China se blindó del mayor shock energético en décadas con un recorte drástico de importaciones, restricción de exportaciones de refinados y uso de inventarios propios. Con Ormuz efectivamente cerrado, el Brent trepó de unos USD 72 hasta USD 118 a fines de marzo para volver a niveles pre-guerra en julio; en el medio, las entregas de crudo a China cayeron en junio más de 41% interanual, a 7,12 millones de b/d, absorbiendo buena parte de los más de 13 millones de b/d que Medio Oriente dejó de exportar. Quien más consume fue, paradójicamente, quien mejor aguantó la sed. La preparación no fue improvisada: China importó un récord de 11,55 millones de b/d en 2025 y entró a la crisis sobre reservas de 1.300 a 1.500 millones de barriles, más de 100 días de importaciones; en marzo suspendió las exportaciones de gasolina, diésel y jet fuel para asegurar el mercado interno y optó por recortar el procesamiento en refinerías en lugar de vaciar depósitos. La conclusión de Bousso es tan elegante como inquietante: China está migrando de tomador a formador de precios. Traducción para carteras: el nuevo termostato del crudo podría no hablar inglés.

Sexta noche de fuego: Estados Unidos convierte el bombardeo en rutina nocturna

El CENTCOM informó que Estados Unidos completó el jueves su sexta noche consecutiva de ataques sobre Irán, con cazas, drones y buques de guerra lanzando munición de precisión contra decenas de objetivos militares —vigilancia costera, defensa aérea, logística y capacidades marítimas—. Los impactos alcanzaron la isla de Qeshm y las inmediaciones de Bandar Abbas, el mayor puerto iraní y sede de instalaciones clave de la armada y la Guardia Revolucionaria, ambos sobre el propio Estrecho de Ormuz. Cuando una operación militar entra en su sexta repetición, deja de ser una respuesta y empieza a parecer una política de Estado. Medios iraníes reportaron además ataques sobre puentes, una estación de tren y el aeropuerto de Iranshahr, y en represalia Teherán lanzó misiles y drones contra bases estadounidenses en estados vecinos. Detrás de la crónica militar, el mensaje para el mercado es sobrio: mientras la escalada no encuentre techo, ninguna prima de riesgo geopolítico luce cara, y todo cálculo de «normalización» del crudo lleva, por ahora, letra chica.

Lectura Final

Tres lecturas para cerrar la edición número 100. Primero, la reflexividad entre geopolítica y precios financieros dejó de ser anomalía para volverse régimen: cada misil en Ormuz se traduce en simultáneo a crudo, bonos, dólar y equities, borrando los refugios tradicionales de la diversificación. Segundo, el AI trade mostró por fin sus tres supuestos —demanda infinita, tasas a la baja y crédito indulgente— cuestionados en la misma sesión; SpaceX y el KOSPI recordaron que la recalibración rara vez es ordenada y que las concentraciones extremas se pagan caras a la salida. Tercero, los marcos que solían estabilizar —la OPEP como amortiguador, la Fed como ancla de expectativas— siguen mostrando fatiga, mientras un actor nuevo, la fortaleza petrolera china, se postula como formador de precios sin pedirle permiso a nadie. Para Paraguay, la implicancia es la de siempre, solo que más nítida: la fortaleza del guaraní es real pero prestada de un contexto externo benigno, y el techo de la inflación local sigue escrito en dólares por barril. Cien ediciones después, la conclusión se parece bastante a la de la primera: los fundamentos importan, el timing manda y el mercado, fiel a su costumbre, elige creer hasta que deja de hacerlo. Gracias por acompañar estas cien semanas; la edición 101 ya se está escribiendo, probablemente con Ormuz otra vez en el encabezado.