De la euforia a la resaca: La semana en que la IA descubrió que las facturas también vencen

Si la primavera boreal fue el trimestre en que los mercados aprendieron a convivir con la guerra, junio cierra con el guion exactamente invertido. El Estrecho de Ormuz volvió a abrirse tras el cese al fuego entre Washington y Teherán, el Brent se desplomó por debajo de USD 70 y, con el villano energético momentáneamente neutralizado, los inversores hicieron lo que mejor saben hacer cuando se quedan sin un enemigo claro: encontrar otro. Esta vez el blanco fue su propia obsesión. El relato de la inteligencia artificial —que durante tres años y medio sostuvo valuaciones, índices y egos por igual— mostró las primeras grietas serias: SpaceX devolvió la mitad de su rally post-IPO, el KOSPI llegó a desplomarse 10% en una sola sesión y los hyperscalers perdieron cientos de miles de millones mientras Wall Street redescubría una pregunta incómoda: ¿alguien va a pagar por todo esto? En el medio, la Fed de Kevin Warsh promete martillazos contra una inflación que ya tocó 4,1%, el yen coquetea con su mínimo de 40 años, el dólar surfea apuestas de suba de tasas y Paraguay sostiene su TPM en 5,5% con la serenidad de quien mira el incendio del vecino desde un patio con grado de inversión. Los mercados pasaron de temer la guerra a temer la paz, y de adorar la IA a auditarla.

Paraguay

El BCP no se mueve, y por una vez el aburrimiento es la noticia

El Banco Central del Paraguay mantuvo su tasa de política monetaria en 5,50% al cierre de junio, respaldado por una actividad económica que crece a buen ritmo —el IMAEP avanzó 3,4% interanual en abril, con una expansión proyectada de 4,2% para el año— y una inflación que sigue sorprendentemente domesticada. El IPC de mayo registró apenas 0,1% mensual y 2,4% interanual, con el componente subyacente (IPCSAE) en un casi inexistente 1,1% anual. Las expectativas permanecen ancladas en 3,5%, ese número que los bancos centrales repiten como mantra hasta que deja de funcionar.

La lectura fina es geopolítica antes que monetaria. El propio comunicado del CPM atribuye la calma a la caída del Brent por debajo de USD 80 tras el acuerdo provisional con Irán y la reapertura de Ormuz, que arrastró a la baja también a soja, maíz y trigo. Los combustibles —protagonistas absolutos de la inflación durante el conflicto— siguen mostrando una trayectoria superior a la prevista, pero el efecto fue parcialmente compensado por menores presiones en el resto de la canasta. Traducción: la inflación paraguaya sigue siendo, en esencia, una función del precio del petróleo, solo que esta vez el petróleo decidió cooperar.

IED en USD 1.180 millones: Paraguay, el alumno aplicado que nadie termina de mirar

Según el informe 2026 de la Cepal, Paraguay captó USD 1.180 millones en inversión extranjera directa en 2025, un alza de 7,6% interanual y el máximo valor desde 1995, superando por tercer año consecutivo la barrera de los USD 1.000 millones. Más relevante aún: los anuncios de nuevos proyectos crecieron 65% hasta USD 911 millones, impulsados por comunicaciones, infraestructura de datos —los célebres data centers—, alimentos, bebidas y energías renovables. Los aportes de capital lideraron el flujo (59% del total, +24%), seguidos por la reinversión de utilidades (30%). La fuente del fenómeno, según el organismo, es la estabilidad macroeconómica que tanto cuesta exhibir en una región propensa a los sobresaltos.

Bonos del Tesoro: El MEF coloca G. 974.350 millones y el apetito local no falla

El Ministerio de Economía y Finanzas colocó Bonos del Tesoro en el mercado local por G. 974.350 millones, sobre una demanda total de G. 1,205 billones —un ratio de cobertura cercano a 1,24x que confirma que el apetito por deuda soberana en guaraníes goza de buena salud. La operación consistió en la reapertura de tres series: G. 60.000 millones a 2028 (rendimiento 7,84%), G. 100.000 millones a 2030 (8,60%) y el grueso, G. 814.350 millones, en la serie larga a 2035 (9,10%), todas con pago de cupones semestral. Los recursos se destinarán al financiamiento del Presupuesto General de la Nación 2026.

La estructura de la colocación revela una curva con pendiente positiva saludable —el spread de 126 puntos básicos entre el tramo 2028 y el 2035 refleja una compensación razonable por duration en moneda local— y, sobre todo, la capacidad del Tesoro de seguir fondeándose internamente sin recurrir al mercado externo. La concentración del 84% de lo adjudicado en el tramo más largo sugiere que los inversores locales —principalmente fondos previsionales y bancos— están dispuestos a comprometer plazos extensos a tasas de un dígito alto, una señal de confianza que muchos soberanos de la región pagarían por exhibir. El mercado de deuda en guaraníes, lentamente, deja de ser una promesa para volverse una infraestructura.

Estados Unidos

PCE en 4,1%: La inflación más alta en tres años, cortesía de una guerra que ya terminó

El índice PCE —la medida favorita de la Fed— alcanzó 4,1% interanual en mayo, su mayor nivel desde abril de 2023, mientras el núcleo se ubicó en 3,4%, el más alto desde octubre de 2023. El componente energético volvió a ser el principal culpable (+4% en el mes), residuo del shock petrolero de la guerra de Irán que se filtró lentamente hacia el resto de la economía. Lo notable es que el dato llega con el conflicto ya distendido y el crudo de vuelta a niveles prebélicos: la inflación, fiel a su naturaleza, siempre llega tarde a la fiesta y se va aún más tarde. El gasto del consumidor, mientras tanto, sorprendió al alza (+0,7% mensual), desafiando la lógica de quien debería estar apretándose el cinturón.

El telón de fondo es político además de monetario. El nuevo presidente de la Fed, Kevin Warsh, debutó con un tono marcadamente hawkish, y el FOMC adoptó un lenguaje inequívoco comprometiéndose a «entregar estabilidad de precios» tras cinco años consecutivos incumpliendo el objetivo del 2%. El mercado mantiene apuestas de una suba en septiembre, aunque rebajó ligeramente las probabilidades tras el dato. Como sintetizó Heather Long, de Navy Federal Credit Union, la inflación «es dolorosa para las clases media y de ingresos moderados». Warsh heredó una casa con el termostato descompuesto y prometió arreglarlo a martillazos. El detalle incómodo: el petróleo que encendió el problema ya se enfrió solo, lo que vuelve la pregunta sobre cuánto endurecimiento es realmente necesario un debate genuinamente abierto.

BofA pronostica 75 puntos básicos de subas: La apuesta contrera del año

Bank of America Global Research se desmarcó del consenso y proyectó que la Fed subirá tasas 75 puntos básicos en 2026 —en septiembre, octubre y diciembre—, revirtiendo por completo los recortes del año pasado. El argumento descansa en tres pilares: resiliencia del mercado laboral, inflación persistente y, sobre todo, una «función de reacción mucho más hawkish de lo que pensábamos» bajo Warsh. La postura es decididamente minoritaria: el mercado descuenta apenas 42 puntos básicos de subas según datos de LSEG, y solo un puñado de casas —BNP Paribas y Macquarie entre ellas— acompañan la tesis de un ciclo de endurecimiento.

El contrapunto es igualmente sólido y conviene tenerlo presente: con el conflicto de Irán terminado y el petróleo nuevamente entre USD 67 y USD 82, el escenario inflacionario de peor caso se ha desvanecido, y varios analistas sostienen que el rango realista para 2026 es de cero a una suba, no tres. La paradoja es que el principal combustible del giro hawkish —los precios energéticos— ya se apagó, lo que deja la convicción de BofA descansando casi enteramente sobre la fortaleza laboral y la personalidad de un nuevo presidente de la Fed que todavía no ha enfrentado su primera prueba real. Pronosticar la psicología de Warsh es, por ahora, más arte que ciencia

Megacaps en caída: Cuando el mercado le pide a la IA que muestre los números

Las megacaps tecnológicas estadounidenses se desplomaron el lunes en el que fue el preludio de una semana brutal para el relato de la inteligencia artificial. SpaceX cayó más de 10% en su tercera sesión consecutiva a la baja —devolviendo buena parte de su deslumbrante rally post-IPO— mientras anunciaba una emisión de notas. Alphabet se hundió 6%, su mayor caída diaria desde mayo de 2025, borrando más de USD 256.000 millones de capitalización; Amazon perdió 4,8% y Meta y Microsoft cedieron alrededor de 3% cada una. En conjunto, los hyperscalers evaporaron cientos de miles de millones en cuestión de horas. La grieta, curiosamente, no llegó por malas noticias sino por una pregunta vieja: ¿cuándo, exactamente, este gasto colosal en infraestructura va a generar retornos que lo justifiquen?

El detalle más revelador es la bifurcación del mercado entre quienes, en palabras de David Wagner de Aptus Capital, «reciben los cheques» y quienes «los firman». Mientras los hyperscalers sangraban, los fabricantes de memoria celebraban: Micron saltó 5,8% hasta máximos históricos, beneficiario directo de la demanda de chips —y, en una nota que no carece de ironía dada la presente conversación, anunció además un acuerdo estratégico con Anthropic para escalar infraestructura de IA de próxima generación. La lógica del mercado es despiadadamente clara: los proveedores de picos y palas prosperan mientras los buscadores de oro empiezan a preguntarse si la veta existe. El AI boom, que durante tres años funcionó como red de seguridad estructural global, comenzó a parecerse menos a una red y más a un trampolín.

El punto ciego de la Fed: Warsh, Greenspan y la incómoda pregunta de la burbuja

La columna Open Interest de Reuters (Mike Dolan) planteó una tesis particularmente oportuna esta semana: el nuevo presidente de la Fed, Kevin Warsh, probablemente no diferirá demasiado del difunto Alan Greenspan —fallecido el lunes a los 100 años— en su manera de tratar las burbujas de activos. La doctrina Greenspan sostenía que el banco central no debía intentar desinflar burbujas por anticipado, sino simplemente «limpiar el desorden» cuando estallaran, bajo el argumento de que nunca se puede distinguir con certeza una burbuja de un auge estructural de inversión. Una filosofía que funcionó razonablemente bien hasta que produjo, sucesivamente, el estallido puntocom y la crisis crediticia de 2008.

La preocupación de fondo es exquisitamente contemporánea: los índices de chips estadounidenses se duplicaron en lo que va del año y se quintuplicaron en cuatro años. Si esto resulta ser una burbuja, la pregunta de Dolan es si la Fed está «deliberadamente ignorando» los riesgos sistémicos que pueden estar gestándose. En una semana donde el relato de la IA empezó a crujir, descubrir que el bombero podría haber decidido no acudir al incendio es, cuanto menos, un detalle a considerar.

Mundo

Mercados globales: El día en que el KOSPI se desplomó 10% y arrastró al mundo

La grieta del relato de IA se convirtió en sismo el martes. Las acciones globales cayeron en bloque, lideradas por una liquidación generalizada en tecnología y semiconductores: el Nasdaq se hundió 2,2%, el S&P 500 perdió 1,4% y el índice de chips finalizó cerca de 8% abajo, con Nvidia bajando 4% y Tesla casi 6%. Pero el epicentro fue Seúl: el KOSPI se desplomó 10% —su mayor caída diaria desde marzo y suficiente para activar un freno de 20 minutos—, con SK Hynix y Samsung cayendo más de 12%. El STOXX 600 cedió 0,73% y el Nikkei cerró 3,55% abajo. En palabras de Ross Mayfield, de Baird, se trató de un movimiento «en gran parte técnico, impulsado por toma de ganancias»: un trade altamente concentrado y guiado por flujos, vulnerable a cambios pequeños de sentimiento.

El contexto macro acompañó el nerviosismo. El crudo se mantuvo por debajo de USD 80 tras la decisión del Tesoro estadounidense de levantar temporalmente sanciones sobre Irán —permitiéndole producir y vender petróleo hasta el 21 de agosto—, mientras el dólar fortalecido empujaba al yen cerca de su mínimo de 40 años (161,56 por dólar) y al euro por debajo de USD 1,138, su nivel más bajo en un año. La ironía geopolítica es notable: la misma paz que alivió la inflación energética desinfló la prima de riesgo que sostenía ciertos activos, y la misma concentración que infló los índices durante meses los volvió frágiles cuando los flujos empezaron a revertirse. La diversificación, ese concepto que los manuales recomiendan y los rallies hacen olvidar, volvió a estar de moda en el peor momento posible.

Japón le pide (con buenos modales) a su banco central que no apure el freno

El gobierno japonés de la primera ministra Sanae Takaichi incluyó en el borrador de su plan económico de largo plazo un llamado explícito a una política monetaria que «respalde la demanda privada», señalando una preferencia inequívoca por mantener bajos los costos de financiamiento. El lenguaje, inusualmente directo, invoca las disposiciones legales que exigen al Banco de Japón coordinar su política con el gobierno, y refleja la creciente incomodidad de la administración con la perspectiva de nuevas subas de tasas mientras el BoJ abandona años de estímulo ultra laxo. Takaichi, defensora histórica de la política fiscal y monetaria expansiva, dejó así «un atisbo de sus verdaderos sentimientos», en palabras del miembro del directorio del BoJ Takahide Kiuchi.

La tensión institucional es delicada y de manual: la ley japonesa garantiza la independencia del BoJ, pero también lo obliga a la coordinación estrecha con el ejecutivo, una contradicción que el borrador explota con habilidad. El banco central se reúne el 30 y 31 de julio, cuando se espera que mantenga tasas sin cambios pero actualice sus proyecciones trimestrales —que el mercado escudriñará en busca de pistas sobre el momento de la próxima suba. El trasfondo lo complica todo: la inflación de Tokio se aceleró a 1,7% interanual en junio a medida que los productores trasladan los mayores costos energéticos importados, lo que refuerza el caso para subir tasas justo cuando el gobierno preferiría lo contrario. El BoJ enfrenta así la incómoda tarea de ser independiente y obediente al mismo tiempo, un equilibrio que ningún manual de banca central explica del todo.

El yen al borde de 1986: Cuando la independencia del banco central tiene un precio cambiario

El yen cerró la semana coqueteando con su nivel más débil en 40 años, en torno a 161,82 por dólar tras tocar brevemente 161,95 el jueves —a un suspiro del umbral de 161,96 que lo llevaría a su punto más débil desde 1986 y de la línea de intervención de julio de 2024. La moneda japonesa apenas se movió pese a que la inflación núcleo de Tokio se aceleró en junio en línea con lo previsto, evidenciando que el problema es estructural antes que coyuntural: el amplio diferencial de tasas entre Japón y Estados Unidos mantiene vivo el carry trade, que castiga sistemáticamente al yen sin importar los datos domésticos.

La combinación de factores es adversa para cualquier rebote sostenido. El giro hawkish de la Fed bajo Warsh fortaleció al dólar, los riesgos económicos del conflicto de Medio Oriente —reavivados por reportes de un ataque iraní a un buque de carga con bandera de Singapur en Ormuz— alimentan la demanda de refugio en el billete verde, y el propio gobierno de Takaichi presiona al BoJ para que no apure las subas que podrían apuntalar la moneda. El único contrapeso es la especulación recurrente sobre una nueva intervención de las autoridades japonesas, que mantiene a los bajistas algo cautelosos. Pero como demostró la primavera, las intervenciones rara vez revierten tendencias fundamentales en monedas de libre flotación: apenas compran tiempo. Y el tiempo, a 161,82 por dólar, empieza a escasear.

Lectura Final

Tres lecciones para los gestores de carteras en una semana que invirtió todos los guiones previos. Primero, la paz tiene costos tan reales como la guerra: la distensión con Irán enfrió la inflación energética pero también desinfló primas de riesgo y reconfiguró flujos cambiarios, recordándonos que los mercados no temen tanto a los eventos como a los cambios de régimen. Segundo, el AI boom —que durante tres años funcionó como red de seguridad estructural desde Wall Street hasta Seúl— mostró que también puede operar como amplificador en reversa: la misma concentración y el mismo apalancamiento que sostuvieron las subas son los que ahora vuelven al sistema frágil ante cualquier cambio de sentimiento, y el desplome de 10% del KOSPI fue apenas el ensayo general. Tercero, los marcos institucionales siguen tensionados, pero de forma nueva: una Fed hawkish que podría haber decidido ignorar las burbujas, un BoJ atrapado entre su independencia y su gobierno, y un dólar que sube por inercia técnica más que por convicción fundamental. Para Paraguay, la implicancia es cómodamente favorable por una vez: una inflación domesticada por el petróleo barato, una IED récord y un mercado de deuda local que se profundiza. El alumno aplicado de la región observa el incendio ajeno desde un patio razonablemente ordenado. La semana próxima dirá si las grietas de la IA eran una fisura o el primer crujido de algo mayor. Por ahora, los mercados —que la semana pasada elegían creer— empiezan, prudentemente, a dudar.