De la guerra a la paz (y del pánico a la resaca): La semana en que el petróleo volvió a $70 y la IA recordó que también sabe caer

Si hace ocho semanas los mercados aprendían a convivir con la guerra, esta semana aprendieron algo más incómodo: a convivir con la paz. El Brent cerró en torno a USD 70 (mínimos de cuatro meses y casi 40% por debajo del pico bélico de USD 114), luego de que Doha reportara «avances positivos» en las conversaciones indirectas entre Washington y Teherán sobre el Estrecho de Ormuz. La distensión desinfló la prima de riesgo geopolítica, alivió la inflación en la eurozona (2,8% en junio, por debajo de lo esperado) y le quitó combustible (literalmente) al alza de precios. Pero el guion tuvo su contracara: la corrección tecnológica de fin de junio expuso los USD 270.000 millones de la maquinaria de ETFs apalancados, el yen tocó un mínimo de 40 años en 162,27 por dólar, y una Reserva Federal ahora presidida por Kevin Warsh insiste en un sesgo restrictivo mientras el BCE se toma un respiro. En el medio, Corea del Sur firmó su mejor dato exportador desde 1978, SpaceX se prepara para entrar al Nasdaq 100 y Paraguay reportó un PIB de 5,8% que confirma que, cuando el petróleo deja de ser el villano, la economía respira. La euforia sigue en pie; solo que esta vez se le ven las costuras.

Paraguay

El PIB crece 5,8%: La economía que no leyó los titulares de guerra

La economía paraguaya arrancó 2026 con una expansión interanual del 5,8% en el primer trimestre, impulsada por servicios (+6,6%), agricultura (+8,2%), manufactura (+6,0%), construcción (+5,6%) y electricidad y agua (+4,7%), según las Cuentas Nacionales Trimestrales del BCP. Del lado de la demanda, el consumo privado avanzó 5,1% y la formación bruta de capital fijo encadenó su décimo trimestre consecutivo de crecimiento (+3,7%), una racha inversora que rara vez aparece en los discursos y siempre en los datos. La demanda interna aportó 4,8 puntos porcentuales al crecimiento y las exportaciones netas, un punto adicional.

El detalle sectorial revela una economía de dos velocidades dentro del propio agro: mientras la soja, caña de azúcar y mandioca traccionaron la producción agrícola, el faenamiento bovino cayó y fue compensado por cerdos, aves, leche y huevos. La manufactura mostró la misma dualidad: crecieron aceites, lácteos y azúcar, pero cayeron carnes, textiles y calzados. En resumen, Paraguay creció haciéndole caso a los fundamentos y no a las portadas geopolíticas, que es, dicho sea de paso, la única estrategia que suele funcionar.

Brecha de infraestructura de USD 35.000 millones: La factura que no se financia con crecimiento

Cavialpa advirtió que Paraguay arrastra un déficit de infraestructura superior a los USD 35.000 millones que abarca red vial, puentes, logística, agua potable, saneamiento, energía, hospitales y centros educativos. El gremio insistió en un argumento tan correcto como recurrente: la infraestructura es inversión estratégica, no gasto, y su ausencia condiciona la competitividad y el crecimiento de largo plazo. Gustavo Masi lo enmarcó en términos de empleo, atracción de inversiones e integración territorial. La palabra clave, repetida hasta el cansancio, es «previsibilidad».

El diagnóstico gana relevancia porque llega en la misma semana del PIB de 5,8%: crecer es más fácil que sostener el crecimiento, y USD 35.000 millones son, aproximadamente, el tamaño de esa segunda tarea. No ayuda que la Cámara de Diputados haya postergado el tratamiento del proyecto que autorizaría el pago de intereses por certificados de obra y la emisión de deuda para financiarlos. Es decir: el Estado debe, sabe que debe, y ha decidido debatir más adelante cómo reconocer lo que debe. El sector constructor, mientras tanto, financia la mora con paciencia y balance propio, dos recursos que también tienen su límite.

La soja muele a buen ritmo: +11% hasta mayo y el valor agregado como norte

La molienda acumulada de soja alcanzó 1,48 millones de toneladas hasta mayo, un alza interanual del 11%, con la utilización de la capacidad instalada trepando al 75% (+4 pp intermensual), según Cappro. El complejo generó USD 2.497 millones en divisas en los primeros cinco meses (+41% interanual), mientras que las exportaciones de productos industrializados (aceite, harina y cascarilla) sumaron USD 555,25 millones (+22%). La industrialización de otras oleaginosas, canola y girasol creció 14%.

El único asterisco lo pone la memoria: el volumen sigue por debajo del récord histórico de 1,59 millones de toneladas registrado en 2018, y la participación de los industrializados en los ingresos del complejo cedió cuatro puntos porcentuales frente a 2025. Dicho de otro modo, se procesa más y se agrega valor, pero el grano crudo todavía manda en la ecuación exportadora. Para un país que la semana pasada aún veía a los combustibles importados explicar su inflación, cada tonelada de aceite con destino a biodiésel es tanto una divisa como un argumento de seguridad energética. El norte está claro; falta recorrer el mapa.

Carne bovina: El semestre en que el principal producto exportable siguió de licencia

Entre enero y junio, Paraguay exportó productos cárnicos por USD 1.158 millones (267.196 toneladas), con caídas del 11,28% en valor y 23,60% en volumen interanual, según Senacsa. La carne vacuna específicamente retrocedió 14,67% en valor y 28,50% en volumen: USD 901 millones frente a los USD 1.056 millones de 2025, unos USD 154 millones menos. Las menudencias profundizaron el retroceso (-38,54% en volumen). Chile mantuvo el liderazgo con 33% (USD 300 millones), seguido por Israel (17%, USD 156 millones), Estados Unidos (15%, USD 129 millones), Taiwán (12%) y Canadá (6%).

La lectura es la misma que insinuaba el PIB: menor faena y mayor consumo interno estacional dejan menos kilos para vender, no menos demanda para comprarlos. Es la paradoja ganadera de manual (precios internacionales sostenidos pero volumen ausente) que ya vimos asomar en el resumen de mayo y que el segundo trimestre se encargó de confirmar. Con 48 mercados abiertos y precios firmes, el problema paraguayo no es a quién venderle, sino cuánto tiene para vender. Un lujo de oferta, si se quiere, aunque de los que no engordan la balanza comercial.

Estados Unidos

SpaceX entra al Nasdaq 100: Cuando el índice pasivo compra lo que el analista no recomendaría

Nasdaq confirmó que SpaceX se incorporará al Nasdaq 100 el 7 de julio, apenas 25 días después de su debut bursátil del 12 de junio, abriendo la puerta a un flujo de compras pasivas que JPMorgan estima en USD 4.300 millones. Para acelerar la incorporación, Nasdaq (junto a FTSE Russell y MSCI) relajó requisitos de ingreso: rentabilidad, plazo desde el IPO y cantidad de acciones flotantes. Un detalle no menor si se considera que la compañía reportó una pérdida neta de USD 4.900 millones el año pasado. Michael Field, de Morningstar, resumió el escepticismo con precisión clínica: «creemos que la acción está sobrevaluada».

El episodio ilustra la mecánica del mercado moderno, donde la inclusión en un índice puede pesar más que el estado de resultados: los ETF que replican al Nasdaq 100 comprarán SpaceX porque el índice lo dicta, no porque el modelo lo justifique. S&P Global, más conservador, avisó que no modificará sus criterios y esperará al menos doce meses antes de siquiera considerarla para el S&P 500. Con OpenAI y Anthropic apuntando a sus propias salidas a bolsa con valuaciones superiores al billón de dólares, la pregunta ya no es si la próxima ola de IA llegará a los índices, sino a qué velocidad los proveedores de índices decidirán bajar el puente levadizo.

El déficit comercial se dispara: Importar antes de que llegue la factura de la guerra

El déficit comercial de bienes se amplió 27,4% en mayo hasta USD 105.800 millones, muy por encima de los USD 85.000 millones proyectados, a medida que las empresas adelantaron importaciones para anticiparse a desabastecimientos y precios más altos vinculados al conflicto en Medio Oriente. Las importaciones subieron USD 10.900 millones (a USD 313.400 millones) mientras las exportaciones cayeron USD 11.800 millones (a USD 207.700 millones), lastradas por menores envíos de insumos industriales  (crudo y derivados incluidos). La brecha podría llevar a los economistas a recortar sus estimaciones de PIB del segundo trimestre, hoy en torno al 2,5% anualizado.

El dato tiene una lectura estructural interesante: las importaciones de bienes de capital (computadoras, semiconductores, equipos de telecomunicaciones) crecieron casi 42% interanual, empujadas por el despliegue de centros de datos. Es decir, buena parte del deterioro comercial es, en realidad, la contracara física del boom de IA que sostiene a Wall Street. El país importa los chips que alimentan las valuaciones que celebra. Las cifras completas, con la cuenta de servicios incluida, se conocerán el 7 de julio, aunque la dirección ya está trazada.

IA, resultados y Warsh: Las tres pruebas del rally para el segundo semestre

El S&P 500 acumula un alza superior al 8% en el año y el Nasdaq Composite un 11%, aunque ambos retrocedieron en junio, dejando al mercado frente a tres exámenes simultáneos: la sostenibilidad del gasto en IA, un listón de resultados exigente y la nueva Fed. Sobre lo primero, cinco compañías (entre ellas Microsoft, Alphabet y Amazon) proyectan un capex combinado cercano a USD 730.000 millones este año, según JPMorgan. Sobre lo segundo, las utilidades del S&P 500 se proyectan al alza en más del 26% para 2026, con los once sectores del índice esperando mayores ganancias, un consenso tan optimista que deja poco margen para decepcionar.

El tercer examen es político-monetario. Kevin Warsh, nuevo presidente de la Fed, sorprendió con una primera reunión de sesgo restrictivo que elevó las expectativas de alzas de tasa en el corto plazo, con el foco puesto en el control de la inflación. La trayectoria de tasas incidirá sobre los rendimientos del Tesoro, cuyas turbulencias de comienzos de año ya habían provocado ventas de acciones. En síntesis: el rally depende de que la IA entregue, las empresas cumplan y Warsh no se ponga demasiado serio. Tres condiciones que, individualmente, suelen cumplirse; las tres a la vez es otra historia.

Mundo

La inflación de la eurozona cede a 2,8%: El BCE encuentra una excusa para no hacer nada

La inflación anual de la eurozona se desaceleró a 2,8% en junio desde 3,2% en mayo, por debajo del 3,0% que anticipaba el consenso, según la estimación preliminar de Eurostat. El índice subyacente cedió a 2,4% y la inflación de servicios a 3,2%, mientras la energía moderó su tasa interanual a 8,7% (desde 10,8%) al calor (o mejor dicho, al enfriamiento) del retroceso petrolero. En términos mensuales los precios cayeron 0,1%, el primer retroceso intermensual del año. Alemania (2,4%) y Francia (2,0%) lideraron la sorpresa a la baja.

El dato refuerza las expectativas de que el BCE mantenga una pausa tras la subida de 25 puntos básicos de junio, en un notable contraste con la Fed de Warsh: mientras Washington endurece, Fráncfort respira. Joachim Nagel, presidente del Bundesbank, advirtió que la inflación seguirá por encima del objetivo en 2027 y prefirió dejar «abiertas las opciones» para julio y septiembre, esa fórmula diplomática que en banca central significa «aún no lo decidimos, pero queremos que crean que sí». La mayoría de los economistas todavía prevé una subida adicional hacia el otoño boreal. El euro cotizó en torno a USD 1,1395 y la decisión de política se conocerá el 23 de julio.

Corea del Sur exporta como en 1978: Los semiconductores rompen todos los relojes

Las exportaciones surcoreanas crecieron 70,9% interanual en junio hasta USD 102.250 millones, acelerando desde el 53,4% de mayo y marcando el mayor incremento desde octubre de 1978, según datos preliminares. El resultado pulverizó la mediana del 61% proyectada por Reuters y convirtió a Corea del Sur en el cuarto país del mundo en superar los USD 100.000 millones de exportación mensual, tras Alemania, China y Estados Unidos. El motor fue inequívoco: los semiconductores se dispararon 199,5% hasta USD 44.800 millones y las ventas de computadoras treparon 308,8%, empujadas por la inversión global en IA. El país cerró con un superávit comercial mensual récord de USD 36.150 millones.

El dato es la cara luminosa del mismo fenómeno que en Estados Unidos infla el déficit comercial: la IA necesita chips, y Corea los fabrica. Por destino, los envíos a China y EE.UU. crecieron 92,1% y 78,6% respectivamente, mientras que a Medio Oriente cayeron 8,4%, un recordatorio de dónde estaba el problema hasta hace poco. El gobierno acompañó con un plan de inversión en semiconductores de al menos 1.350 billones de wones. La única advertencia es la de siempre en las historias demasiado buenas: cuando una sola industria explica un crecimiento del 70%, la concentración deja de ser una fortaleza para convertirse en un factor de riesgo. Por ahora, Seúl prefiere contar las divisas.

Los bancos centrales quieren menos dólares: El divorcio anunciado (pero sin abogados)

Por primera vez, un mayor número de bancos centrales planea recortar que aumentar sus asignaciones en dólares en la próxima década, según el sondeo de la OMFIF (Official Monetary and Financial Institutions Forum) divulgado el martes, que relevó a 90 instituciones que gestionan unos USD 10 billones en activos. El desplazamiento responde al alza de los riesgos políticos asociados a la divisa, en medio del debate global sobre el rol del dólar como principal moneda de reserva. El oro, mantenido por el 82% de los encuestados, «se ha movido al centro de la estrategia de gestión de reservas», con un 30% neto planeando aumentar su asignación en uno a dos años.

El matiz, sin embargo, desactiva el titular: no existe una alternativa clara al dólar, que de hecho se revalorizó 3% en el año impulsado por tasas más altas, demanda de activos estadounidenses y refugio ante la guerra con Irán. Es el divorcio que todos anuncian pero nadie firma, porque el cónyuge alternativo no aparece. Más revelador que la desdolarización es otro dato del sondeo: más del 66% de los bancos centrales planea incrementar su integración de IA. Hasta las instituciones más conservadoras del planeta financiero sucumbieron al tema del año

Japón

El yen en 162: Mínimo de 40 años y una intervención que todos esperan y nadie confirma

El yen se debilitó hasta 162,27 por dólar el martes, un mínimo no visto desde 1986, encaminándose a su cuarto trimestre consecutivo de descenso y avivando las apuestas por una nueva intervención directa del Ministerio de Finanzas. La divisa arrastra el peso del amplio diferencial de tasas entre Japón y Estados Unidos, un problema que ni intervenciones previas por 11,7 billones de yenes (USD 72.250 millones) ni las alzas del BoJ han logrado revertir. Carol Kong, del Commonwealth Bank of Australia, lo planteó como «una cuestión de cuándo, no de si», aunque proyecta al USD/JPY avanzando hacia 164 a comienzos de 2027, intervención mediante o no. El diagnóstico de fondo es que Japón está peleando contra la corriente: mientras la Fed de Warsh mantiene su sesgo restrictivo (los operadores descuentan un 63% de probabilidad de alza hacia septiembre), cualquier defensa del yen equivale a nadar contra un río en crecida. Matt Simpson, de StoneX, lo resumió con la crudeza que el mercado agradece: el MOF (Ministerio de Finanzas de Japon) «intervendrá si puede, pero no puede». El foco inmediato se traslada al informe de empleo estadounidense de junio, tras tres meses consecutivos de nóminas más fuertes de lo esperado. En la diplomacia cambiaria, como en el ajedrez, a veces la mejor jugada es la que se amenaza pero no se ejecuta

La resaca de la IA

USD 270.000 millones en ETFs apalancados descubren que el apalancamiento va en dos direcciones

La corrección tecnológica de la última semana de junio hizo algo más que perforar la operación más popular del año: expuso la maquinaria de la especulación moderna. Una liquidación impulsada por inversores minoristas en acciones de chips de IA se propagó a los semiconductores de Asia y EE.UU., golpeó a los ETF apalancados, afectó a los recién lanzados fondos de SpaceX y, con el desarme de Strategy Inc. de Michael Saylor, sacudió las criptomonedas. La señal más nítida vino de Corea del Sur, donde varios de los vehículos de negociación más apalancados perdieron más del 20% en la semana.

La categoría de ETFs apalancados administra hoy más de USD 270.000 millones a nivel global (EE.UU. supera los USD 200.000 millones y Asia los USD 45.000 millones), y Barclays estima que su rebalanceo se disparó a varias veces su promedio de largo plazo, generando flujos mecánicos capaces de mover al mercado en su conjunto. Estos productos no causaron la caída, pero revelaron cuánto había llegado a depender el rally de formas cada vez más elaboradas de expresar las mismas tres ideas: IA, acciones tecnológicas individuales y activos digitales. James St. Aubin, de Ocean Park, lo sintetizó sin diplomacia: «estos productos traen un elemento de casino al mercado». La casa, como siempre, cobra en ambas direcciones.

Medio Oriente

El petróleo cierra la guerra: Brent en USD 70,80 y una paz que se negocia en Doha

El crudo retrocedió cerca de 1% el jueves, encadenando su tercera caída diaria consecutiva y alcanzando mínimos de cuatro meses, luego de que Qatar informara «avances positivos» en las conversaciones indirectas entre Irán y Estados Unidos centradas en el Estrecho de Ormuz (la vía que canalizaba una quinta parte del suministro global antes de la guerra). El Brent cedió a unos USD 70,80 por barril y el WTI a cerca de USD 67,74, consolidando el desarme de la prima de riesgo geopolítica que había llevado al Brent hasta USD 114 apenas ocho semanas atrás. La distensión es, para el consumidor global, la mejor noticia macroeconómica del semestre. En respuesta a la reapertura del corredor marítimo, UBS recortó agresivamente sus proyecciones: redujo su estimación del Brent en USD 25 para el tercer trimestre y en USD 10 para el cuarto, previendo ahora un promedio de USD 80 en el segundo semestre y USD 75 en 2027. El banco advirtió, no obstante, que considera «prematuro asumir una normalización plena» y ve los riesgos sesgados al alza, dado que los buques con destino al Golfo Pérsico aún van rezagados frente a los de salida. La logística, recordemos, no se reconstruye con comunicados. El próximo encuentro entre negociadores tendría lugar tras las procesiones fúnebres del fallecido Líder Supremo de Irán, previstas para el 9 de julio. La paz avanza; simplemente, a la velocidad a la que se reordenan las rutas y se despiden los liderazgos.

Lectura Final

El giro respecto de mayo no podría ser más nítido: aquellas semanas, los mercados aprendían a convivir con una guerra y un Brent en USD 114; en esta, conviven con una paz incipiente y un crudo en USD 70. Tres lecturas para los gestores de carteras. Primero, la desinflación energética es real y global (de la eurozona a Paraguay), y con ella se relaja la presión que había puesto a la Fed y a los surtidores en código rojo; el problema es que Warsh decidió endurecer justo cuando el argumento inflacionario empezaba a ceder, generando una divergencia de política con un BCE en pausa que definirá los flujos cambiarios del semestre. Segundo, el AI boom sigue siendo el amortiguador estructural que sostiene todo (desde las exportaciones coreanas hasta el Nasdaq), pero la corrección de junio y los USD 270.000 millones en ETFs apalancados mostraron que ese amortiguador tiene resortes cada vez más tensos: la misma palanca que multiplica las subas multiplica las caídas. Tercero, el dólar enfrenta un debate existencial sobre su rol de reserva que, por ahora, gana por default ante la ausencia de rivales.

Para Paraguay, la implicancia es doble y esperanzadora. Un PIB de 5,8% con inversión en su décimo trimestre de expansión confirma que, retirado el villano petrolero de la escena inflacionaria, la economía tiene fundamentos para crecer; y un complejo sojero que muele 11% más y agrega valor, lo que capitaliza la nueva era de precios energéticos moderados. La contracara son dos frentes que el crecimiento no resuelve solo: una exportación de carne bovina en retroceso por falta de kilos, no de demanda, y una brecha de infraestructura de USD 35.000 millones que es, en definitiva, la verdadera restricción de largo plazo. La semana próxima, con el informe de empleo estadounidense, las cifras comerciales completas de EE.UU. del 7 de julio y la reanudación de las conversaciones Irán-EE.UU. tras el 9, dirá si la paz de Ormuz sobrevive al calendario. Por ahora, y por primera vez en meses, los mercados eligen creer sin necesidad de una guerra que los distraiga.