Bancos centrales ante el dilema: arriesgan perder la batalla contra la inflación de energía al intentar ganar la guerra anterior
El análisis publicado por Reuters el 7 de abril plantea que los principales bancos centrales enfrentan el riesgo de cometer el error inverso al de 2021–2022: en aquel ciclo reaccionaron tarde a la inflación post-pandemia; ahora, con la crisis energética derivada del conflicto en Medio Oriente, podrían endurecer la política monetaria en respuesta a un shock de oferta externo que debería ser "observado" más que combatido con alzas de tasa de referencia. El dilema central es que la inflación impulsada por combustibles afecta las expectativas de largo plazo, lo que obliga a los bancos centrales a demostrar credibilidad antiinflacionaria aun cuando el instrumento sea de baja eficacia frente a un shock de oferta geopolítico. La Reserva Federal, el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra se han mostrado en espera durante el mes de marzo ante la incertidumbre generada por la guerra en Medio Oriente. El riesgo de estanflación —crecimiento bajo con inflación elevada— es el escenario más complejo para la política monetaria, dado que tanto el alza como la baja de tasas conllevan costos. Analistas advierten que si los bancos centrales suben tasas para anclar expectativas de inflación, podrían amplificar el daño sobre el crecimiento; si en cambio se mantienen sin cambios en espera de que el shock sea transitorio y este persiste, perderían credibilidad. El mercado de tasas de interés descuenta actualmente una pausa prolongada en los principales bancos emisores.