Bessent y Warsh divergen sobre quién debe fijar el precio del dinero en Estados Unidos
El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, y el presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, aparecen enfrentados sobre una cuestión central de la política financiera: cuán prescindente puede ser la autoridad al fijar el precio del dinero. Warsh ha propugnado replegar algunas de las políticas de comunicación tradicionales del banco central para dejar que los mercados asuman mayor protagonismo en la determinación de las tasas de interés, mientras Bessent ha desplegado un conjunto de herramientas —algunas inusuales— en nombre del funcionamiento del mercado. La divergencia se hizo visible mientras la administración Trump intensifica esfuerzos para contener los costos de endeudamiento de largo plazo, empeño que numerosos analistas y gestores de portafolio consideran de éxito improbable sin medidas concretas sobre el déficit fiscal. El contraste quedaría expuesto el viernes por la mañana, cuando Warsh tiene previsto hablar en el encuentro anual de la Fed en Jackson Hole, Wyoming, con los inversores buscando garantías de que actuará con decisión contra la inflación en su primer año al frente de una Fed dividida. Bessent anunció la semana pasada que el Tesoro al menos duplicaría las recompras de deuda de mayor plazo, argumentando que la suba de rendimientos —que llevó la tasa a 30 años a un máximo de 19 años— no reflejaba fundamentos; el mercado lo interpretó como señal de que Washington no permitirá sin respuesta que el rendimiento a 10 años, referencia de las tasas hipotecarias, se aproxime al 5%. Muchos inversores sostienen que el diagnóstico es errado: atribuyen el alza de rendimientos al crecimiento robusto, la inflación persistente, probables subas de tasas de la Fed y la fuerte oferta de bonos —incluida la emisión corporativa vinculada a inversiones en inteligencia artificial—, más un premio fiscal en expansión por el déficit, y no a disfunción de mercado. Stanley Druckenmiller calificó el plan como "gestión de precios" antes que gestión de liquidez y advirtió sobre daños a la credibilidad del Tesoro; Will Compernolle (FHN Financial) señaló escasa evidencia de que los Treasuries estén sobrevendidos, y los operadores advierten que la presión se manifestará en otros activos —como el dólar, que se depreció desde el anuncio— si los rendimientos no alcanzan un nivel de equilibrio de mercado. Padhraic Garvey (ING) describió las recompras no programadas como una potencial "bazooka" ampliable, y Molly Brooks (TD Securities) anticipó como próximo paso probable la reducción del tamaño de las subastas en el tramo largo. Warsh, por su parte, ha criticado históricamente las compras de activos a gran escala, sosteniendo que deben reservarse para episodios de genuina disfunción de mercado; el profesor de Stanford Hanno Lustig argumenta en un documento reciente del Aspen Institute que los mercados ya tratan a los Treasuries como activos riesgosos mientras los responsables de política actúan como si fueran seguros, lo que atenúa las señales de precio que advertirían sobre una trayectoria de deuda insostenible. Fuente: Reuters — análisis editorial Sudameris