Cierre del Estrecho de Ormuz instaura una «nueva normalidad» tensa para la energía del Golfo Pérsico

Según un análisis de Reuters firmado por Ron Bousso, la guerra con Irán y el cierre del Estrecho de Ormuz han roto el statu quo que prevalecía en los mercados de energía de Medio Oriente, instaurando lo que los especialistas denominan una "nueva normalidad tensa" para el flujo energético del Golfo Pérsico. El Estrecho concentra aproximadamente el 20% del flujo energético global —incluyendo crudo, gas natural licuado (GNL) y productos derivados—, y su cierre efectivo representa la mayor disrupción en el mercado de hidrocarburos desde la crisis del petróleo de los años setenta. La interrupción afecta no solo a las exportaciones iraníes, sino a los flujos de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait e Iraq, todos dependientes del paso por Ormuz para acceder a los mercados asiáticos y europeos. El impacto sobre las cadenas de suministro globales de energía se proyecta como prolongado y de difícil reversión en el corto plazo, dado que las rutas alternativas —como el oleoducto IPSA hacia Arabia Saudita o el Oleducto Abu Dhabi-Fujairah— tienen capacidad de transporte significativamente inferior a los volúmenes que transitaban habitualmente por el Estrecho. Analistas del sector advierten que la crisis reconfigurar estructuralmente los patrones de comercio energético global, incrementando la prima de riesgo geopolítico del crudo en un horizonte de al menos 12 a 18 meses, con presiones sostenidas sobre precios y márgenes de refinación.