El arroz enfrenta costos operativos de hasta USD 1.600 por hectárea y gestiona mecanismos de financiamiento ante el BCP

El sector arrocero paraguayo enfrenta un costo operativo de entre USD 1.500 y USD 1.600 por hectárea, que las empresas de mayor escala pueden reducir hasta un rango de USD 1.300 a USD 1.400 por hectárea al diluir costos fijos. El principal incremento se observa en los fertilizantes, con un alza de entre USD 100 y USD 200 por hectárea respecto del año pasado según el momento de compra y las condiciones de negociación, mientras el consumo de combustible se ubica entre 100 y 160 litros por hectárea al año según el sistema productivo. La Federación Paraguaya de Productores de Arroz (Feparroz) planteó al Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) una propuesta de instrumentos financieros adaptados al ciclo del rubro, y gestiona ante el Banco Central del Paraguay la habilitación de refinanciación de productores sin recategorización y el diseño de productos bancarios que contemplen los plazos del negocio. El Ing. Agr. Reinerio Franco, vicepresidente de Feparroz y secretario de la Cámara Paraguaya de Industriales de Arroz (Caparroz), señaló que el capital de trabajo del sector tiene un giro considerablemente más largo que el de otros cultivos extensivos. La particularidad estructural radica en que más del 90% del arroz producido en Paraguay se industrializa antes de su comercialización y exportación, de modo que el capital permanece comprometido desde la preparación del suelo, la siembra y la cosecha hasta el procesamiento y la venta. A ello se suma que el arroz no cuenta con un mercado internacional de referencia comparable al de otros commodities, por lo que los productores no pueden tomar posiciones a futuro para cubrirse ante variaciones de precios. En cuanto a la campaña, la intención de superficie se mantiene en unas 210.000 hectáreas, pero la siembra avanza entre 20% y 25% del área prevista frente a aproximadamente 40% a la misma altura del año pasado, con un patrón normal de 50% a 55% hacia fines de septiembre; el retraso se originó en las lluvias de agosto, que demoraron la preparación de suelos. Una precipitación de entre 30 y 40 milímetros puede inhabilitar los terrenos para la siembra durante 10 a 15 días, y los pronósticos de un El Niño fuerte generan dudas sobre la continuidad de la siembra en octubre. El sector llega a esta campaña tras un período de precios deprimidos iniciado hacia fines de 2024, con recuperación en el segundo semestre de este año aunque con un promedio de 2026 aún condicionado por las cotizaciones más bajas del inicio del año. Fuente: MarketData — análisis editorial Sudameris