El Banco de Japón encamina su tasa a un máximo de 31 años en medio de riesgos inflacionarios por el shock energético

El Banco de Japón cierra este viernes su reunión de dos días del 17 y 18 de septiembre con la expectativa de elevar su tasa de política monetaria de 1% a 1,25%, nivel no visto en 31 años. Sería la primera subida en tres meses, tras la de junio, y llevaría la tasa dentro del rango estimado de 1,1% a 2,5% en que la entidad ubica la tasa neutral nominal de la economía japonesa, es decir el nivel que ni enfría ni recalienta el crecimiento. El movimiento acompañaría al del Banco Central Europeo y al de la Fed, en un ciclo global orientado a contener presiones inflacionarias impulsadas en buena medida por el encarecimiento del petróleo, y marcaría otro paso de alejamiento de décadas de tasas ultrabajas que consolidaron al yen como moneda de fondeo barata a escala global. El miembro del directorio Toichiro Asada, que disintió de la subida de junio, podría volver a hacerlo según los analistas. El banco central salió de una década de estímulo en 2024 y subió tasas varias veces desde entonces. Mantuvo el nivel en julio, pero advirtió sobre el riesgo de un desborde inflacionario por el alza de los costos de combustibles, el encarecimiento de las importaciones derivado de un yen débil y la fuerte demanda asociada a inteligencia artificial. El gobernador Kazuo Ueda señaló a comienzos de este mes que, con la inflación subyacente muy cerca de la meta de 2%, la entidad debe prestar particular atención a los riesgos inflacionarios. Los analistas consultados por Reuters proyectan la tasa en 1,25% este mes, 1,5% para fines de marzo del año próximo y 1,75% en el segundo trimestre de 2027, con la mayoría ubicando la tasa terminal en al menos 1,75%; el miembro del directorio Naoki Tamura estima la neutral en torno a 2%. El desafío central de la reunión es de comunicación. Ueda enfrenta una conferencia de prensa en la que el banco pretende evitar comprometerse con una próxima subida temprana, pero repetir el enfoque dependiente de datos arriesga reactivar la venta de yenes y con ello el encarecimiento de las importaciones. Sonar excesivamente restrictivo, en cambio, podría desordenar un mercado de bonos que ya atraviesa una liquidación que llevó los rendimientos a máximos de tres décadas por preocupación sobre las cuentas fiscales japonesas. Ueda ha afirmado que la entidad no tiene una idea preestablecida sobre cuán lejos puede llegar el ajuste, aunque fuentes familiarizadas con su pensamiento indican que buena parte del directorio ve espacio para varias subidas adicionales antes de alcanzar la neutral. La directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, advirtió la semana pasada que con niveles elevados de deuda y temores de dominancia fiscal aumentando el riesgo de un desanclaje al alza de las expectativas de inflación, los bancos centrales deberán responder con firmeza a futuros shocks para proteger su independencia, preservar su credibilidad y cumplir su mandato de estabilidad de precios. Fuente: Reuters — análisis editorial Sudameris