El choque petrolero y el estrés financiero se retroalimentan: el escenario de estanflación toma fuerza

Con el crudo Brent superando los USD 100 por barril por primera vez desde la invasión rusa a Ucrania, los mercados globales encaran un escenario de estanflación en el que el alza de precios de la energía amenaza con reavivir la inflación precisamente cuando los datos laborales de EE.UU. muestran señales de debilitamiento. La combinación de un informe de empleo de febrero que registró una pérdida neta de 92.000 puestos de trabajo y el shock energético derivado del conflicto en Oriente Medio dejó a la Reserva Federal ante un dilema de política monetaria sin margen de maniobra: recortar tasas para estimular el crecimiento arriesga exacerbar las presiones inflacionarias, mientras mantenerlas elevadas compromete la actividad económica. Los economistas de JPMorgan estiman que cada incremento del 10% en el precio del crudo implica un impacto negativo de entre 15 y 20 puntos básicos sobre el crecimiento del PIB. Los mercados de renta variable, renta fija y divisas reaccionaron de forma sincronizada y adversa: el Nikkei japonés cedió más del 5%, el KOSPI surcoreano retrocedió cerca del 6%, y los rendimientos de los gilts británicos a dos años registraron su mayor alza diaria desde 2022. El índice Bloomberg U.S. Aggregate Bond cayó 1,0% en la semana y el dólar estadounidense se apreció frente a todas las divisas principales, incluyendo el franco suizo. Los estrategas de Deutsche Bank calificaron el shock petrolero como uno de los "más serios de la historia reciente", aunque el mercado sigue descontando un conflicto de corta duración. Goldman Sachs estima que un alza del 10% en el crudo eleva la inflación subyacente en 4 puntos básicos y la inflación general entre 20 y 30 puntos básicos, parámetros relevantes para evaluar el margen de actuación de los bancos centrales.