El conflicto con Irán obliga a los bancos centrales a replantear su política monetaria

El escalamiento de la crisis en Medio Oriente ha transformado radicalmente el escenario de política monetaria para los bancos centrales globales, en particular los de economías emergentes asiáticas. El shock de oferta energética les plantea un dilema agudo: recortar tasas para sostener el crecimiento implica arriesgar mayores salidas de capitales y depreciación cambiaria ante el fortalecimiento del dólar como activo refugio, mientras que mantener o subir tasas agrava el impacto económico del encarecimiento de los combustibles. Según Nomura, el primer escudo de los gobiernos asiáticos será la política fiscal —a través de controles de precios, subsidios y reducciones de impuestos a los combustibles—, aunque esa vía amplía los déficits públicos ya ajustados de la región. El Banco de la Reserva de la India (RBI) tiene previsto mantener tasas bajas para sostener el crecimiento, pero la afluencia hacia el dólar generada por el conflicto podría obligarlo a intensificar sus intervenciones cambiarias para contener la depreciación de la rupia. Tailandia y Filipinas, en tanto, podrían verse forzadas a revertir su sesgo expansivo. En cuanto a la Reserva Federal, el mercado incrementó las probabilidades de que mantenga tasas sin cambios en su reunión del 18 de marzo, y las chances de un no-movimiento en junio —que la semana pasada estaban por debajo del 43%— escalaron por encima del 51%, según la herramienta FedWatch de CME Group. El FMI estima que cada suba sostenida del 10% en el precio del crudo eleva la inflación global 40 puntos básicos y reduce el crecimiento mundial un 0,15%.