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HSBC Holdings está evaluando una ola de recortes profundos de empleo a lo largo de los próximos años que podría afectar aproximadamente 20.000 posiciones, equivalente al 10% de su dotación global de 208.720 empleados a tiempo completo registrada al cierre de 2025. Según reportó Bloomberg, las posiciones más expuestas corresponden a funciones no orientadas al cliente en centros de servicios globales —incluyendo grandes hubs en Asia— donde la adopción de inteligencia artificial está acelerando la automatización de tareas repetitivas de back y middle office como conciliación de datos, monitoreo de transacciones y procesos KYC. La revisión se encuentra en etapa preliminar y no se han adoptado decisiones finales. Las acciones de HSBC cotizadas en Hong Kong cedieron 2,2% tras la publicación del reporte. El plan, articulado bajo el liderazgo del CEO Georges Elhedery —quien asumió el cargo aproximadamente 18 meses atrás—, forma parte de una restructuración más amplia que ya incluyó la reorganización de divisiones bajo un esquema Este-Oeste, la salida de unidades de banca de inversión en EE.UU. y Europa, y la eliminación de posiciones de alta gerencia. Las reducciones podrían materializarse mediante atricción natural, así como a través de cierres o desinversiones de unidades de negocio. El movimiento refleja una tendencia sectorial más amplia: según estimaciones citadas en el reporte, la banca global podría eliminar hasta 200.000 puestos en los próximos tres a cinco años como consecuencia de la adopción de IA, con directores de tecnología e información proyectando una reducción neta promedio de la fuerza laboral cercana al 3%.
La semana del 19 de marzo marcó el primer ciclo de reuniones de política monetaria de los principales bancos centrales europeos desde el inicio de las hostilidades en Medio Oriente, transformando lo que prometía ser una jornada rutinaria en un hito decisivo para el posicionamiento de tasas en Europa. Antes del conflicto, la mayoría de los analistas anticipaba un ciclo de recortes sostenidos durante 2026; hoy, tanto el BCE como el BoE han optado por mantener postura, mientras la presidenta del BCE, Christine Lagarde, enfrenta presión para emitir un tono más hawkish ante el deterioro del panorama inflacionario. El indicador flash de inflación de la eurozona registró 1,9% en febrero, pero las proyecciones del staff del BCE incorporan ya un pico temporal cercano al 3% este año, con la energía aportando aproximadamente un punto porcentual. Para los inversores en renta fija europea, el escenario de tasas ha experimentado una rotación significativa: los bonos soberanos de corto plazo de la eurozona y del Reino Unido ajustan sus rendimientos al alza, mientras el mercado de swaps de tasas de interés descuenta una trayectoria de policy rates más restrictiva a lo largo de 2026. El Riksbank, que había insinuado antes del conflicto un recorte adicional, también optó por la cautela, señalando que la inflación energética presionará transitoriamente el índice CPIF al alza. Con las expectativas de recortes de tasas empujándose hacia la segunda mitad del año —e incluso hacia 2027 si el conflicto persiste— la prima de riesgo geopolítico se ha convertido en el principal determinante de la curva de rendimientos en los mercados desarrollados.
En una jornada de política monetaria coordinada, el Banco Central Europeo (BCE), el Banco de Inglaterra (BoE), el Riksbank sueco y el Banco Nacional Suizo (SNB) entregaron sus decisiones de marzo. El BCE mantuvo su tasa de depósito en 2,0% por sexta reunión consecutiva, con proyecciones de su equipo técnico que anticipan un exceso transitorio de inflación impulsado por precios de energía más elevados antes de retornar al objetivo del 2% en 2026. Los precios del gas natural europeo escalaron aproximadamente 25% hasta superar los €68 por megavatio-hora —su nivel más alto en más de tres años—, consecuencia de los ataques de misiles iraníes sobre infraestructura energética clave en la región, incluida la ciudad industrial de Ras Laffan en Qatar. Por su parte, el BoE mantuvo el Bank Rate en 3,75% en una votación de 7 a 2, postergando el recorte que se consideraba prácticamente decidido antes del estallido del conflicto bélico. El SNB optó igualmente por mantener su tasa principal en 0,00%, señalando mayor disposición a intervenir en el mercado cambiario. La inflación en la eurozona se ubicó en 1,9% en febrero, apenas por debajo del objetivo del BCE, aunque el mercado ha revisado significativamente al alza sus expectativas para la trayectoria de tasas. Los inversores pasaron de descontar dos recortes del BoE en 2026 a cotizar una probabilidad relevante de un alza antes de fin de año. El desempleo en el Reino Unido se mantuvo en un máximo de cinco años de 5,2% en los tres meses a enero, según la Oficina de Estadísticas Nacionales, lo que complica aún más el balance entre soporte al crecimiento y control inflacionario. El BCE señaló que aplicará un enfoque dependiente de datos reunión a reunión, y que el Instrumento de Protección de la Transmisión (TPI) está disponible para contrarrestar dinámicas de mercado desordenadas.
La administración Trump analiza el despliegue de miles de tropas adicionales para reforzar sus operaciones en Medio Oriente, en lo que las fuentes consultadas por Reuters describen como una posible nueva fase de la campaña militar contra Irán, que cumple su tercera semana activa. Entre las opciones evaluadas se incluye asegurar el libre tránsito de buques petroleros por el Estrecho de Ormuz —misión que se ejecutaría principalmente a través de fuerzas aéreas y navales— así como el despliegue de fuerzas terrestres en las costas iraníes. La administración también discute la posibilidad de enviar tropas a la isla de Kharg, que concentra el 90% de las exportaciones petroleras de Irán y fue blanco de ataques aéreos estadounidenses el 13 de marzo. El Pentágono declinó comentar al respecto. Los refuerzos contemplados exceden la llegada prevista de un Grupo Anfibio de Preparación con una Unidad Expedicionaria de Marines de más de 2.000 efectivos. Paralelamente, el Director de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, declaró ante legisladores que el programa de enriquecimiento nuclear de Irán fue neutralizado por los ataques, con las entradas a las instalaciones subterráneas bloqueadas con cemento. Un funcionario de la Casa Blanca señaló que el presidente Trump baraja opciones para hacerse con material nuclear iraní, aunque no ha adoptado una decisión. Para los mercados financieros, la escalada geopolítica mantiene el crudo Brent por encima de USD 100 por barril y representa el principal factor de riesgo para la inflación global y la normalización de la política monetaria en los países desarrollados.
El Banco de Japón (BoJ) mantuvo sin cambios su tasa de política monetaria de corto plazo en 0,75% al concluir su reunión de dos días el jueves, en línea con la expectativa unánime de los 51 economistas encuestados por Bloomberg. El gobernador Kazuo Ueda advirtió que el alza en los costos de energía derivada del conflicto en Medio Oriente podría alimentar la inflación subyacente, señalando que será cada vez más difícil evaluar la evolución de los precios en un contexto donde los subsidios gubernamentales y el encarecimiento del petróleo generan señales contrapuestas. El único miembro del consejo con postura hawkish, Hajime Takata, repitió su propuesta de elevar la tasa hasta 1,0%, aunque no logró respaldo del resto del cuerpo colegiado. En su conferencia de prensa, Ueda destacó que los salarios muestran resultados sólidos en las negociaciones de primavera y que las tasas reales permanecen en niveles significativamente negativos, preservando condiciones financieras acomodaticias. No obstante, proyecciones de Oxford Economics ahora anticipan que el próximo ajuste al alza se postergará hasta julio desde junio, dado el riesgo de estanflación. El mercado de futuros asignaba una probabilidad significativa a una suba en abril, escenario que depende de la evolución del conflicto en el Golfo y de que los datos de inflación salarial confirmen la trayectoria esperada. El USD/JPY se mantuvo cerca de los 159-160, nivel considerado crítico para la intervención cambiaria verbal o directa por parte de las autoridades japonesas.
Las posiciones cortas en monedas asiáticas se han incrementado a medida que el conflicto bélico en Medio Oriente sacude los mercados de energía, reavivando preocupaciones sobre inflación importada, deterioro de cuentas corrientes y restricciones de política monetaria en toda la región. Una encuesta de Reuters a 11 participantes del mercado revela que los inversores adoptaron una postura bajista en el baht tailandés por primera vez desde abril de 2025, mientras que las posiciones cortas en el won surcoreano y el dólar taiwanés escalaron a máximos de varios meses. El catalizador central es el cierre efectivo del Estrecho de Ormuz por parte de Irán, corredor por el que transita aproximadamente una quinta parte del suministro global de petróleo, lo que ha empujado los precios del crudo por encima de los USD 100 por barril. El posicionamiento refleja la vulnerabilidad estructural de las economías asiáticas importadoras de energía ante shocks de oferta en el mercado petrolero. Jeff Ng, jefe de estrategia macro para Asia en SMBC, señaló que el conflicto se mantendría elevado por semanas, con el precio del Brent permaneciendo en niveles altos en el corto plazo. Varios gobiernos de la región han introducido intervenciones de mercado para estabilizar precios de combustibles: Tailandia aplicó controles temporales de precios al diésel, Vietnam evalúa recortes arancelarios a la importación de combustibles, e Indonesia anunció mayores subsidios energéticos. China, que importa cerca del 40% de su petróleo desde Medio Oriente, se encuentra relativamente mejor posicionada dado su volumen de reservas estratégicas acumuladas previamente al conflicto.
Un análisis de la Cámara Paraguaya de la Carne (CPC) concluye que los precios del sector frigorífico paraguayo están determinados principalmente por las condiciones del mercado internacional, dado el fuerte perfil exportador del país. El gremio sostiene que tanto las cotizaciones del ganado en pie como de la carne procesada responden a las señales de oferta y demanda externos, ubicando a Paraguay dentro del esquema de un precio-aceptante en el comercio global de proteína animal. Estudios econométricos citados en el documento respaldan esta visión, evidenciando que el precio internacional de exportación es el principal determinante del valor del ganado en gancho a nivel local. El documento de la CPC enfatiza que las variaciones observadas en el mercado interno no son fenómenos aislados, sino la transmisión de señales externas a lo largo de la cadena productiva, con un traslado que ocurre con relativa rapidez. Para los operadores del sector, este marco implica que el análisis de rentabilidad y la gestión de riesgo precio deben centrarse en el monitoreo de los mercados de destino de exportación —principalmente Chile, Brasil, Rusia e Israel— y las cotizaciones globales de commodities proteicos, antes que en las dinámicas exclusivamente domésticas.
Wall Street cerró la jornada del 17 de marzo con ganancias modestas, con el S&P 500 sumando 0,25% hasta 6.716,09 puntos, el Nasdaq avanzando 0,47% a 22.479,53 y el Dow Jones Industrial Average apreciándose apenas 0,10% a 46.993,26 puntos —una lectura que refleja resistencia relativa ante la presión energética, en contraste con las pérdidas acumuladas desde el inicio del conflicto en Irán. El WTI cerró en USD 96,21/barril (+2,9%) con el Brent por encima de USD 100 por cuarta sesión consecutiva, luego de que Irán reportara nuevos ataques sobre su infraestructura energética y de que Israel confirmara la eliminación de altos funcionarios del gobierno iraní. Las acciones del sector energético —APA, BP, ConocoPhillips, Devon Energy— marcaron nuevos máximos de 52 semanas, mientras los ETFs sectoriales XLE, VDE y IXC alcanzaron sus máximos históricos. El rendimiento del bono del Tesoro a 10 años descendió 2 puntos básicos en la jornada, retrocediendo alrededor de 10 puntos básicos en la semana, en una señal de que parte del flujo de capital regresó a la renta fija como cobertura ante el riesgo de deterioro económico. El sector de consumo discrecional anotó la mayor suba del día (+1%), liderado por Expedia y Booking Holdings, y por resultados positivos de Delta y American Airlines que presentaron guías de ingresos favorables a pesar del encarecimiento del combustible de aviación —que acumula alzas del 83% en el mes según la IATA. El dólar cedió 0,75% frente a una canasta de divisas desde sus máximos recientes, devolviendo parte de las ganancias acumuladas como activo refugio desde el estallido del conflicto el 28 de febrero.
El dólar cedió posiciones el 18 de marzo ante una moderación transitoria en la volatilidad de los mercados energéticos, en una jornada marcada por decisiones de política monetaria simultáneas de la Fed, el BCE y el Banco de Inglaterra. El yen japonés rebotó desde niveles que habían encendido alertas de intervención en Tokio, en anticipación a la reunión entre el Primer Ministro Sanae Takaichi y el Presidente Donald Trump en Washington; el euro se mantuvo estable tras dos jornadas de apreciación previas al encuentro del BCE. El greenback ha funcionado como único activo refugio remanente durante la tercera semana del conflicto en Oriente Medio, luego de que Teherán confirmara la muerte del jefe de seguridad Ali Larijani —el funcionario de mayor rango eliminado desde el inicio de las hostilidades— a manos de Israel. Las expectativas de relajación monetaria de la Fed se han retraído hasta solo 25 puntos básicos de recortes proyectados para todo 2026, mientras que los mercados de futuros sobre el BCE pasaron de descontar un 50% de probabilidad de un recorte a incorporar casi dos subas para el año, un giro drástico que refleja el potencial inflacionario del shock energético sobre la eurozona. El bitcoin retrocedía 0,48% a USD 74.193 y el ether cedía 0,04% a USD 2.327 en el segmento de criptoactivos, en línea con el tono de cautela generalizado. El dólar australiano avanzaba apenas 0,06% a USD 0,7106 y el kiwi neozelandés cedía 0,02% a USD 0,5856, con ambas divisas sensibles a la evolución del precio del crudo dado el carácter de exportadores netos de materias primas de ambas economías.
La explosión de la demanda de centros de datos para inteligencia artificial ha desencadenado una escasez aguda de chips de memoria a nivel global, forzando a compañías de tecnología y electrónica de consumo a competir por suministros cada vez más reducidos mientras los precios se disparan. El nivel promedio de inventarios de DRAM —el tipo de memoria principal para computadoras y teléfonos— se contrajo a entre dos y cuatro semanas en octubre desde las trece a diecisiete semanas registradas a fines de 2024, según TrendForce. Samsung elevó los precios de sus chips de memoria para servidores hasta un 60% en noviembre de 2025, mientras que Google, Amazon, Microsoft y Meta cursaron órdenes abiertas a Micron —sin límite de cantidad ni restricción de precio— ante la imposibilidad de asegurar suministros bajo contratos convencionales. Alibaba, ByteDance y Tencent despacharon ejecutivos a Corea del Sur para presionar personalmente a Samsung y SK Hynix por cuotas de asignación. El modelo dual que emergió de la explosión de IA ha creado un dilema estructural: los fabricantes de chips redirigieron capacidad productiva hacia HBM (High-Bandwidth Memory) de alto margen, utilizada en los procesadores Nvidia para IA, retirando oferta de los segmentos de DRAM convencional y flash que alimentan smartphones, PCs y electrónica de consumo. Counterpoint Research proyectaba alzas del 30% en precios de memoria avanzada y legacy para el cuarto trimestre de 2025, con una suba adicional del 20% para comienzos de 2026. Fabricantes chinos de smartphones como Xiaomi y Realme advirtieron que podrían trasladar incrementos de entre 20% y 30% al precio final de sus dispositivos. Las nuevas plantas de producción de chips convencionales de Samsung y SK Hynix no estarán operativas hasta 2027–2028, lo que implica que la escasez estructural del segmento no convencional se extenderá al menos dos años más.
Las expectativas de inflación de los hogares estadounidenses se han elevado de manera notable en las últimas semanas, impulsadas por el alza de los precios de la gasolina —que superan los USD 3,80 por galón en promedio nacional— como consecuencia directa del conflicto en Irán y el cierre del Estrecho de Ormuz. Las expectativas de inflación a un año de la Universidad de Michigan se mantuvieron en 3,4% en la lectura de marzo, mientras que las de cinco años se redujeron marginalmente a 3,2%, una señal de que las expectativas de largo plazo permanecen relativamente ancladas pese a la volatilidad energética reciente. El PCE subyacente de enero se ubicó en 3,1% interanual antes del inicio del conflicto, y los precios del crudo ya incorporados a la cadena de distribución aún no se han reflejado plenamente en los datos oficiales de CPI y PCE, que suelen registrar el pass-through con un rezago de uno a dos meses. La lectura dual del mercado —expectativas de corto plazo al alza pero largo plazo relativamente estables— es clave para la interpretación que el FOMC hará del shock en su reunión del 18 de marzo. Los estrategas señalan que este perfil sería consistente con un banco central que puede "mirar a través" del shock energético de corto plazo si no se producen efectos de segunda ronda significativos, es decir, si las presiones salariales y los precios de servicios no se aceleran de manera persistente. Sin embargo, con el PPI de enero marcando un alza mensual de 0,5% en el componente general y 0,8% en el subyacente —su mayor salto en meses— el riesgo de transmisión permanece elevado, y cualquier señal de desanclaje de expectativas podría inclinar al FOMC hacia una postura explícitamente restrictiva antes de las próximas reuniones.
El peor brote inflacionario de una generación en Estados Unidos cumple cinco años este mes, un shock económico que continúa definiendo los debates de política monetaria, condicionando la política nacional y frustrando a los funcionarios de la Reserva Federal en su intento de reconducir el índice PCE al objetivo del 2%. Lo que en marzo de 2021 se interpretó como una señal bienvenida —precios subiendo más del 2% interanual tras la caída deflacionaria de la pandemia— se convirtió en un ciclo que llevó al PCE a superar el 7% en junio de 2022 y al IPC a marcar su mayor ritmo desde 1981, forzando al banco central a una serie de alzas de emergencia que representaron el endurecimiento más rápido de tasas en décadas. Hoy, el PCE subyacente ronda el 3%, un punto porcentual sobre el objetivo, y un nuevo shock energético —con el crudo superando USD 100/barril a raíz del conflicto en Irán— amenaza con ampliar esa brecha. El impacto acumulado sobre el poder adquisitivo ha sido severo: un dólar equivale hoy a aproximadamente USD 0,79 de enero de 2020. Las tasas hipotecarias permanecen por encima del 6%, los precios de alimentos acumulan subas del 3,1% interanual y los costos de la vivienda continúan ejerciendo presión sobre los presupuestos familiares. El precio de la gasolina en la red minorista supera los USD 3,70 por galón, alrededor de 25% más alto que antes del inicio de las hostilidades en Irán el 28 de febrero. En ese contexto, la pregunta relevante para los operadores no es si la Fed recortará tasas en la reunión del 18 de marzo —la pausa está prácticamente descontada al 99%— sino cuándo y cuánto deberá actuar el banco central en un entorno donde la desanclaización de expectativas de largo plazo sería su principal vulnerabilidad.
La Reserva Federal inició el 17 de marzo su reunión del FOMC en un entorno sin precedentes recientes: la inflación medida por el PCE subyacente permanece cerca de 1 punto porcentual por encima del objetivo del 2%, los precios del crudo subieron casi 50% en dos semanas a raíz del conflicto en Irán, y el banco central enfrenta la disyuntiva entre un shock de oferta inflacionario y señales de debilitamiento del crecimiento, con el PIB del cuarto trimestre de 2025 revisado a la baja hasta 0,7% anualizado. Los mercados de futuros asignaban una probabilidad del 99% a una decisión de pausa en el rango 3,75%–4,00%, pero el debate de fondo se concentraba en si el FOMC podría eventualmente contemplar subas de tasas en 2026, una posibilidad que Matthew Luzzetti, economista jefe para EE.UU. de Deutsche Bank Securities, describió como "casi impensable dos semanas atrás" y que ahora se discute con mayor intensidad. El Resumen de Proyecciones Económicas (SEP) actualizado —el primer "dot plot" desde diciembre— será el principal insumo de mercado al cierre de la reunión. Los analistas anticipan una revisión al alza de las proyecciones de inflación subyacente PCE para 2026 (de 3,0% a entre 3,2% y 3,3%) y un posible ajuste de la tasa de desempleo (actualmente proyectada en 4,5%), configurando un escenario de estanflación que es la peor pesadilla para cualquier banco central. Goldman Sachs y Barclays trasladaron sus expectativas de primer recorte al tercer trimestre, con un único movimiento de 25 puntos básicos previsto para el año; Morgan Stanley advirtió que los riesgos se inclinan hacia recortes más tardíos y de mayor magnitud si la actividad económica se deteriora. Powell enfrenta además una transición de liderazgo: su mandato vence el 15 de mayo y la confirmación de Kevin Warsh como sucesor permanece estancada en el Senado.
Desde que Estados Unidos e Israel lanzaron ataques coordinados contra Irán el 28 de febrero de 2026 —la denominada "Operación Epic Fury"— el tráfico de petroleros a través del Estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del comercio mundial de petróleo y volúmenes significativos de GNL, ha caído a niveles casi nulos. La Agencia Internacional de Energía (AIE) estima que el suministro global de crudo se contraerá en 8 millones de barriles diarios solo en marzo, la mayor disrupción de oferta registrada en la historia del mercado petrolero. El Brent escaló hasta cerca de USD 120/barril en los primeros días del conflicto antes de moderarse a cerca de USD 100–108/barril, con el WTI cerrando el 17 de marzo en USD 96,21/barril (+2,9% en la jornada). El nuevo líder supremo iraní, Mojtaba Khamenei, confirmó que el estrecho permanecerá cerrado mientras continúen las hostilidades. Los ataques iraníes han alcanzado infraestructura energética en países vecinos —incluyendo el campo gasífero de South Pars y las instalaciones de Asaluyeh— mientras la capacidad de refinación regional ha perdido más de 3 millones de barriles diarios de procesamiento. Qatar, cuya planta de Ras Laffan concentra gran parte de las exportaciones de GNL globales, ha reportado interrupciones que presionan los precios del gas natural en Europa. La AIE autorizó la liberación de 400 millones de barriles de reservas estratégicas de emergencia, volumen que equivale a apenas 20 días del flujo habitual por el estrecho. Las exportaciones aéreas y de LPG también han sufrido cortes materiales, impactando la demanda de combustibles de aviación a nivel global y las cadenas de suministro petroquímico en Asia.
El Tesoro de Brasil intervino en el mercado local de deuda por segunda jornada consecutiva el 17 de marzo, anunciando subastas simultáneas de recompra y venta de títulos soberanos para sostener la liquidez y estabilizar las cotizaciones en un contexto donde el alza del crudo amenaza con reorientar la trayectoria de tasas. El rendimiento del bono a 10 años ha escalado por encima del 13,8%, tensionado por una inflación subyacente resistente, un mercado laboral con desempleo récord en mínimos históricos (5,4% en enero) y el encarecimiento de los insumos derivado del conflicto en Medio Oriente, que suma un componente importado de presión inflacionaria sobre una economía que registró el IPC de febrero en 3,81% interanual. El escenario complica las decisiones del Copom, cuya reunión de política monetaria del 18 de marzo arrancó con el mercado dividido entre un recorte de 25 y uno de 50 puntos básicos sobre la Selic, actualmente en 15,0%. La intervención fiscal paralela del gobierno —un paquete de subsidios diesel y exención de impuestos estimado en R$30.000 millones, sumado a la aplicación de una tasa de exportación de petróleo del 12%— agrega incertidumbre fiscal y opaca el análisis de la trayectoria de precios para el banco central. Goldman Sachs y Barclays ya han trasladado sus proyecciones de primer recorte de la Fed al segundo semestre de 2026, con efecto de arrastre sobre los mercados emergentes.
Las exportaciones de las industrias maquiladoras alcanzaron USD 248 millones al cierre de febrero, registrando un incremento interanual del 26% —equivalente a USD 51 millones adicionales respecto al mismo período de 2025— según el último informe del Viceministerio de Industria. Solo en febrero, los envíos del sector sumaron USD 134 millones frente a importaciones de USD 60 millones, generando una balanza comercial positiva donde las exportaciones superan a las importaciones en un 94%, señal de la incorporación efectiva de valor agregado en los procesos productivos locales. Las operaciones de comercio exterior autorizadas en febrero aumentaron 10% interanual, con 5.327 transacciones registradas. Los cinco rubros de mayor participación —autopartes (27%), productos alimenticios (19%), confecciones y textiles (14%), productos químicos y farmacéuticos (8%) y manufacturas de aluminio (7%)— concentran el 75% de los envíos mensuales. El 81% de las exportaciones maquiladoras tuvo como destino países del Mercosur, con Brasil absorbiendo el 67% del total y Argentina el 13%; Estados Unidos y Países Bajos representaron el 5% cada uno. Al cierre de 2025, el sector representó el 69% de las exportaciones de manufacturas de origen industrial del país, frente al 65% registrado en 2024, consolidando su relevancia estructural dentro del perfil exportador paraguayo. El empleo vinculado al sector asciende a 35.357 puestos de trabajo, con un incremento interanual de 3.125 plazas.
El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, reveló el lunes desde París —donde participa en negociaciones comerciales con China— que Washington ha optado por no interceptar los buques petroleros iraníes que transitan el Estrecho de Ormuz. "Los barcos iraníes ya están saliendo y lo hemos permitido para abastecer al resto del mundo", declaró Bessent a CNBC. La medida busca aliviar la presión sobre el mercado energético global en un momento en que el tráfico comercial por el Estrecho ha caído drásticamente como consecuencia de los ataques de Irán a buques mercantes. Bessent confirmó que petroleros con destino a India ya han transitado el corredor y que se cree que algunas embarcaciones chinas también han logrado salir del Golfo Pérsico; desde el inicio del conflicto el 28 de febrero, Irán ha enviado al menos 11,7 millones de barriles de crudo a China. El Brent cerró el lunes en USD 100,21/barril (-2,84%) y el WTI en USD 93,50/barril (-5,28%) tras las declaraciones. Bessent proyectó que el precio del crudo caerá "bastante por debajo de los USD 80 por barril" una vez que el conflicto concluya, aunque reconoció no tener certeza sobre el cronograma de finalización de la guerra. Asimismo, descartó intervenciones del Tesoro en los mercados de futuros de petróleo, señalando que dicha institución no tiene autoridad para ello. En paralelo, Trump anunció que en los próximos días revelará la lista de países que se unirán a la coalición naval para escolta de buques por el Estrecho —anticipando que algunos aliados se muestran "poco entusiastas"— y advirtió que EE.UU. podría atacar la infraestructura petrolera en la isla de Kharg si Irán continúa bloqueando el paso. La IEA señala que el conflicto ha desencadenado la mayor disrupción de suministro en la historia del mercado petrolero global.
Los gestores de renta fija intensifican sus apuestas por una divergencia en las políticas monetarias de los principales bancos centrales, resistiendo la narrativa de que la guerra en Irán y el alza del petróleo conducirán inevitablemente a subidas de tasas generalizadas. El argumento central de estos inversores es que el impacto del choque energético será asimétrico: países exportadores de materias primas o con menor dependencia de importaciones de petróleo podrían mantener o profundizar ciclos de relajación monetaria, mientras que economías más expuestas —como la Eurozona y el Reino Unido— enfrentan mayor presión al alza sobre tasas. El Bloomberg Global Aggregate Index, que rastrea la deuda soberana y corporativa investment-grade, borró sus ganancias acumuladas hasta el inicio del conflicto el 28 de febrero, habiendo llegado a acumular hasta un +2,1% en el año. Los mercados de futuros ya reflejan esta divergencia: mientras los traders anticipan con alta probabilidad que la Fed mantendrá las tasas sin cambios hasta al menos septiembre, los derivados sobre tasas en la Eurozona y el Reino Unido incorporan posibilidades crecientes de alzas para la segunda mitad del año. Esta dinámica genera oportunidades de valor relativo en spreads soberanos y en posicionamiento de curva entre jurisdicciones. El rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a 10 años cotiza al 4,12%, mientras que en el mercado de swaps de inflación a cinco años se descuenta un 2,6% anual de inflación en EE.UU., frente al 2,4% previo al conflicto —todavía muy por debajo del pico de 3,6% registrado durante la invasión rusa a Ucrania en 2022.
El presidente Donald Trump exigió el lunes a la Reserva Federal convocar una "reunión especial" para recortar las tasas de interés de inmediato, en una nueva escalada de su campaña de presión política sobre el banco central. La declaración se produjo el mismo día en que comenzó la reunión regular del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC), cuya decisión se conocerá mañana con una probabilidad de pausa cercana al 100% según el FedWatch de CME. Trump había publicado previamente en Truth Social: "¿Dónde está el presidente de la Reserva Federal, Jerome 'Demasiado Tarde' Powell, hoy? Debería estar bajando las tasas de interés, INMEDIATAMENTE, sin esperar a la próxima reunión". La Fed mantiene actualmente el rango objetivo de la tasa de fondos federales en 3,50%-3,75%, mientras el nominado de Trump para presidir el banco central, Kevin Warsh, aguarda confirmación del Senado para suceder a Powell en mayo. El choque de petróleo derivado del conflicto con Irán ha colocado a la Fed en un dilema de libro de texto: la inflación CPI se ubicó en 2,4% interanual en febrero, por encima del objetivo del 2%, y Goldman Sachs advierte que podría subir a 3% para fin de año si los precios de la energía se sostienen. La tasa fija a 30 años para hipotecas subió a 6,26% al 16 de marzo desde menos del 6% a fines de febrero, según la Mortgage Bankers Association. Dentro de la Fed, el gobernador Christopher Waller calificó la decisión de esta semana como "un cara o cruz", mientras que el gobernador Stephen Miran abogó por cuatro recortes en 2026. Morgan Stanley mantiene su llamada de un primer recorte en junio, condicionado a una desaceleración en el mercado laboral y avances en la inflación subyacente.
El Banco de la Reserva de Australia (RBA) elevó su tasa de referencia en 25 puntos básicos, llevándola del 3,85% al 4,10%, en la reunión más dividida desde que la institución comenzó a publicar resultados de votación: cinco miembros votaron a favor del alza y cuatro en contra. La decisión revierte dos de los tres recortes realizados en 2025 y devuelve la tasa a su nivel más alto en diez meses. El RBA justificó la medida señalando que la inflación repuntó materialmente en el segundo semestre de 2025, con el IPC headline en 3,8% en enero y la inflación subyacente en un máximo de 16 meses de 3,4%, ambas por encima del rango objetivo de 2%-3%. La economía creció 2,6% interanual en el cuarto trimestre, muy por encima del 2% estimado como potencial, mientras el desempleo se mantuvo en el histórico mínimo de 4,1%. La gobernadora Michele Bullock aclaró que el conflicto en Medio Oriente y la consecuente suba del petróleo contribuyen al riesgo inflacionario, aunque señaló que la decisión respondió principalmente a presiones de demanda doméstica preexistentes: "La inflación ya era demasiado alta, reflejando que la demanda excede a la oferta". El RBA había proyectado que el IPC headline alcanzaría 4,2% hacia mediados de 2026 antes del choque petrolero iraní, estimación que podría revisarse al alza. Los cuatro grandes bancos australianos (CBA, NAB, Westpac y ANZ) anunciaron traslado del alza a sus tasas variables de hipotecas a partir del 27 de marzo, con aumentos en las cuotas mensuales de entre AUD 91 para una hipoteca de AUD 600.000 y AUD 160 para una de AUD 1.000.000. NAB y ANZ proyectan un alza adicional de 25 puntos básicos en mayo, lo que eliminaría por completo los tres recortes de 2025.
Los principales bancos centrales del mundo —la Reserva Federal (Fed), el Banco Central Europeo (BCE), el Banco de Inglaterra (BoE) y el Banco de Japón (BoJ)— se reúnen esta semana de forma prácticamente simultánea por primera vez desde 2021, en un contexto marcado por el alza del petróleo y el riesgo de un rebrote inflacionario. La Fed inicia hoy su reunión de dos días con una probabilidad de pausa superior al 99% según el CME FedWatch, con la tasa de referencia en el rango de 3,50%-3,75%. Previo al conflicto, los mercados descontaban dos recortes de 25 puntos básicos para 2026; actualmente solo anticipan uno, con probabilidades del 77% de que permanezca sin cambios incluso en junio. EY-Parthenon revisó su escenario base a un único recorte en diciembre, señalando que es "enteramente plausible" que no haya ningún movimiento este año. El dilema central para los bancos centrales radica en distinguir si el choque energético es transitorio o estructural. La teoría monetaria convencional indica que los shocks de oferta en energía deben ser "mirados a través", pero el historial reciente —pandemia, guerra en Ucrania, aranceles comerciales— ha erosionado esa convicción entre los policymakers. El BCE enfrenta una "genuina disyuntiva" según ING, con inflación persistente por encima del objetivo y crecimiento debilitado por los aranceles estadounidenses. El BoE registra en los mercados de futuros expectativas de posibles subidas de tasas para más adelante en el año. El BCE advirtió que "para ver una subida de tipos, la economía de la Eurozona tendría que mostrar una resiliencia clara". Los mercados de bonos han reaccionado con alzas en rendimientos: el bono del Tesoro a 10 años cotiza al 4,12%, frente al 3,96% anterior al conflicto, reflejando que el mercado pondera más el riesgo inflacionario que el vuelo a la calidad.
Desde el inicio del conflicto armado entre Estados Unidos, Israel e Irán el pasado 28 de febrero, el tráfico de buques por el Estrecho de Ormuz —corredor por el que transita aproximadamente el 20% del suministro mundial de petróleo y GNL— ha quedado efectivamente paralizado. El portavoz del Cuartel General Khatam al-Anbiya de las Fuerzas de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), Ebrahim Zolfaqari, advirtió que el precio del crudo podría alcanzar los USD 200 por barril como consecuencia directa de la inestabilidad regional. El Brent superó los USD 100/barril por primera vez en cuatro años la semana pasada, acumulando un alza superior al 50% desde el inicio del conflicto, mientras el WTI cotizaba en torno a los USD 96/barril. La IEA coordinó la mayor liberación coordinada de reservas estratégicas en la historia, con 400 millones de barriles comprometidos por más de 30 países. Analistas de mercado reconocen que el escenario de USD 200/barril no es descartable si el bloqueo del Estrecho se prolonga. Oxford Economics identificó USD 140/barril como el umbral a partir del cual la economía global entraría en recesión leve, con una contracción del PIB mundial de 0,7% hacia fin de año y caídas en el Reino Unido, la Eurozona y Japón. Goldman Sachs proyecta que el Brent promedió más de USD 100 en marzo, con un retroceso hacia USD 85 en abril bajo su escenario base; UBS revisó al alza su estimación para fin del segundo trimestre a USD 90, frente a una proyección previa de USD 65. Los estrategas subrayan que la duración del conflicto y el comportamiento del nuevo líder iraní Mojtaba Khamenei —considerado una línea dura— son las variables determinantes para el precio del crudo en el corto plazo.
En febrero de 2026, el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) en Paraguay se ubicó en 50,07 puntos, manteniéndose por encima del umbral neutral de 50 pero por debajo de los niveles registrados en enero de 2026 (55,34) y en febrero de 2025 (50,51). El Índice de Situación Económica (ISE) alcanzó 37,88 puntos, con una caída de 3,87 puntos respecto al mes anterior, mientras que el Índice de Expectativas Económicas (IEE) se situó en 62,25 puntos, retrocediendo 6,67 puntos frente a enero y 3,42 puntos en comparación interanual. Estos movimientos reflejan una percepción todavía positiva sobre la economía doméstica, pero con mayor cautela en las proyecciones a futuro. En cuanto al comportamiento de gasto, el porcentaje de consumidores dispuestos a ahorrar fue del 25,0% en febrero, inferior en 1,75 puntos porcentuales respecto al mes anterior pero superior en 5,25 puntos frente a febrero de 2025. La predisposición a adquirir bienes durables mostró incrementos mensuales en autos, casas y motos, aunque en términos interanuales estas categorías registraron descensos; los electrodomésticos fueron la excepción, con aumento tanto mensual como anual en la intención de compra. El dato consolida un escenario de equilibrio frágil en la demanda interna, relevante para la proyección del consumo privado en el primer trimestre del año.
Las finanzas públicas de Paraguay atraviesan un escenario de creciente presión fiscal. La Dirección Nacional de Ingresos Tributarios (DNIT) registró una variación interanual de -2,9% en febrero, afectada en parte por la depreciación del dólar, que también reduce los ingresos provenientes de las binacionales Itaipú y Yacyretá. A esto se suma una deuda acumulada con proveedores del Estado —farmacéuticas, constructoras y proveedores del programa Hambre Cero— con algunos compromisos pendientes desde hace más de un año, mientras el déficit fiscal de 2025 cerró en 2% del PIB, por encima del 1,9% estipulado en el Presupuesto General de la Nación. La deuda pública alcanzó a enero de 2026 los USD 20.522 millones, equivalente al 36,4% del PIB. Ante este contexto, el ministro de Economía y Finanzas, Carlos Fernández Valdovinos, anunció una serie de medidas de contención: ajustes presupuestarios en ministerios no prioritarios —con excepción de salud, educación, seguridad y protección social—, y la implementación del factoraje como mecanismo para que constructoras y farmacéuticas obtengan liquidez frente a las deudas pendientes del Estado. En paralelo, el debate sobre la reforma de la Caja Fiscal continúa en el Congreso con dos versiones en pugna: la aprobada en Diputados, más cercana a la propuesta original del Ejecutivo que proyectaba reducir el déficit del sistema a 0,5% del PIB al quinto año, y la del Senado, que según los cálculos del MEF mantendría el déficit en torno a 1,1% del PIB en el mismo horizonte temporal.

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