¿Frenarán los rendimientos elevados a Wall Street? No necesariamente, según la columna de McGeever
La economía estadounidense parece haber ingresado en un régimen de rendimientos de bonos estructuralmente más elevados por un período prolongado. Los rendimientos del Tesoro alcanzaron nuevos máximos de varios años en las últimas semanas, con el tramo de 30 años en su nivel más alto desde mediados de la década de 2000. Tras haber quedado deprimidos luego de la crisis financiera global de 2008, los rendimientos subieron cuando la Reserva Federal inició el ciclo agresivo de alzas de tasa de interés en 2022 para combatir la inflación, y se mantuvieron elevados incluso durante la reducción gradual de la tasa de referencia en 2024 y 2025; el alza actual refleja el posicionamiento de los inversores ante una eventual reanudación del endurecimiento monetario. En el plano macroeconómico, el encarecimiento del crédito para consumidores y empresas debería pesar sobre el crecimiento y las utilidades corporativas, con particular incidencia sobre los hyperscalers —Alphabet, Microsoft, Meta y Amazon— que están consumiendo su flujo de caja libre y recurriendo crecientemente a los mercados de deuda para financiar el ciclo de capex en inteligencia artificial. Desde la óptica de asignación de activos, rendimientos más altos vuelven a la renta fija más atractiva frente a la renta variable, comprimen la prima de riesgo accionario y elevan la tasa de descuento, reduciendo el valor presente de las utilidades futuras, un factor especialmente sensible para tecnología y sectores de crecimiento. La evidencia de mercado, sin embargo, admite lectura en ambos sentidos. Varias de las "Siete Magníficas" —notablemente Tesla, Microsoft y Meta— acumulan caídas pronunciadas en el año y se encuentran en mercado bajista técnico, y el índice de semiconductores SOX de Filadelfia también ingresó en ese territorio. En contraposición, el S&P 500, el Dow Jones Industrial Average y el Russell 2000 se sitúan a solo 3% de sus máximos históricos, y el Nasdaq registra una baja de 8% desde su pico del 1 de junio, tras haber superado ampliamente a los otros tres índices en los últimos años. El argumento central de la columna es que los rendimientos crecientes no resultan automáticamente negativos si responden a un crecimiento nominal y a utilidades sólidas: el crecimiento nominal anualizado del PIB del primer trimestre se ubicó apenas por debajo del 6% y un crecimiento real en torno al 2% este año sostendría ese nivel, mientras las expectativas de expansión de utilidades rondan el 40% para el segundo trimestre y cerca del 30% para el año calendario —con la advertencia de que casi 75% del crecimiento de utilidades del período abril-junio provendría de los sectores de tecnología y servicios de comunicación—. Jim Caron, de Morgan Stanley Investment Management, sostiene que el mayor malentendido del mercado es asumir que tasas más altas implican recesión automáticamente, y precisa que un alza "desordenada" de los rendimientos largos preocupa únicamente si su origen son los déficits y no el crecimiento. El deterioro fiscal estadounidense, con gasto en defensa e intereses en ascenso, actúa como piso —o eventual trampolín— para la prima por plazo; si ese factor pasa a dominar la formación de los rendimientos por encima de la demanda de capital para el ciclo tecnológico, la renta variable quedaría expuesta. Fuente: Reuters (columna de opinión de Jamie McGeever) vía sindicación (Zawya, Globe and Mail) — análisis editorial Sudameris