La Guerra con Irán Cuestiona la Apuesta de Trump por los Combustibles Fósiles como Pilar de la Seguridad Energética

El conflicto bélico entre EE.UU.-Israel e Irán expone los riesgos sistémicos de la dependencia global en petróleo y gas, cuestionando el argumento político de la administración Trump de profundizar la producción de combustibles fósiles como estrategia de seguridad energética. Por segunda vez en cuatro años —tras la invasión rusa a Ucrania en 2022— una crisis geopolítica ha generado disrupciones masivas de oferta y escaladas de precios, en esta ocasión con el cierre efectivo del Estrecho de Ormuz y la paralización del 20% del comercio global de hidrocarburos. Analistas de Raymond James señalaron que el caso económico para proyectos de energía renovable es más sólido hoy que antes del inicio de las hostilidades, lo que está impulsando flujos de capital hacia fondos de energía limpia. El shock energético ha generado presiones inflacionarias que amenazan la agenda económica del gobierno: según Raymond James, el alza de USD 25 en el precio del barril de crudo respecto a los niveles previos a la guerra podría anular prácticamente todos los beneficios fiscales derivados de los recortes impositivos del "One Big Beautiful Bill Act". Los precios del gas natural en Europa se dispararon hasta un 50% ante los ataques iraníes a la infraestructura de GNL de Qatar, que suministra el 20% del GNL mundial. La EIA prevé que la producción estadounidense de crudo promediará 13,6 millones de b/d en 2026, impulsada por los mayores precios, pero este incremento no puede compensar la brecha de 15 millones de b/d que actualmente sustrae el conflicto del mercado global.