La guerra con Irán golpea más a los combustibles refinados que al crudo; los países importadores deben actuar

Mientras la atención mediática se concentra en la pérdida de hasta el 20% del crudo mundial por el cierre efectivo del Estrecho de Ormuz, el problema más urgente es el veloz endurecimiento de los mercados de productos refinados en Asia. El gasoil de Singapur, insumo base del diésel, cerró a USD 143,88 por barril el 13 de marzo, un incremento del 57% desde el inicio de los ataques de EE.UU. e Israel el 28 de febrero, mientras que el combustible para aviación se disparó un 114% hasta USD 199,66. Australia —mayor importador de combustibles refinados de Asia, con alrededor de 900.000 b/d— e Indonesia —segundo importador, con unos 600.000 b/d— enfrentan una situación de emergencia potencial, con reservas australianas que cubren apenas unos 30 días de consumo. China decretó el 11 de marzo una prohibición inmediata de exportaciones de combustibles refinados para priorizar su seguridad energética doméstica, reduciendo adicionalmente la oferta disponible para los países importadores de la región. El artículo de Reuters advierte que si las naciones refinadoras recortan su producción y restringen exportaciones simultáneamente, el riesgo de desabastecimiento en los países importadores se eleva exponencialmente. Australia posee apalancamiento comercial significativo —provee hierro, carbón y GNL a China, Japón y Corea del Sur— pero la pregunta central es si los gobiernos actuarán con suficiente rapidez para garantizar la cooperación regional antes de que una mala situación se convierta en un desastre.