La guerra en Irán complica la posición de los bancos centrales globales ante el shock energético
El choque energético desencadenado por la guerra con Irán ha colocado a los principales bancos centrales del mundo ante un dilema político de difícil resolución: la combinación de inflación impulsada por el precio del crudo y señales de desaceleración económica eleva el riesgo de estanflación y complica la gestión de tasas de interés. En el Reino Unido, el PIB de enero mostró estancamiento inesperado, con crecimiento nulo frente a la previsión del 0,2%, confirmando que la economía británica lleva esencialmente plana desde junio; la libra cedió frente al dólar ante el dato, y el mercado pasó a descontar una probabilidad del 86% de una suba de tasas del Banco de Inglaterra para fin de año. El BCE enfrenta lo que economistas de ING calificaron de "dilema genuino" dado que un shock de oferta energético podría empujar la inflación ya persistente al alza mientras el crecimiento europeo se debilita por los aranceles estadounidenses. En EE.UU., la Reserva Federal se reúne el 18 de marzo en un contexto de máxima complejidad: el PIB del Q4-2025 fue revisado a 0,7% anualizado —la mitad de la estimación previa de 1,4% y muy por debajo del consenso de Dow Jones de 1,5%—, la inflación subyacente PCE de enero se aceleró a 3,1% interanual, y el empleo en febrero mostró pérdida neta de 92.000 puestos. Los futuros de fed funds descuentan una probabilidad cercana al 99% de que el FOMC mantenga la tasa en el rango 3,50%–3,75%. Economistas de EY-Parthenon revisaron su proyección base a un solo recorte de 25 puntos básicos en 2026, probablemente en diciembre, mientras que la firma Carson Group advirtió que "el Fed probablemente no recortará tasas en 2026 y podría incluso comenzar a hablar de subas a lo largo del año".