La intervención bilateral entre Estados Unidos y Japón debilita el rol histórico del G7 en el mercado de divisas
La intervención conjunta de Estados Unidos y Japón de la semana pasada para sostener al yen se ejecutó sin la participación plena del G7, una ausencia tan significativa como la operación misma. El columnista Mike Dolan sostiene que un despliegue coordinado global fue reemplazado por un acuerdo bilateral de carácter transaccional, lo que debilitó el alcance de la medida y redujo las expectativas de un "gran acuerdo" sobre tipos de cambio. Tanto el secretario del Tesoro estadounidense Scott Bessent como su contraparte japonesa Satsuki Katayama se pronunciaron públicamente sobre los matices e intenciones de la operación. El yen conservó buena parte de su rebote inicial ante la expectativa de nuevas intervenciones, aunque el mercado de divisas quedó con interrogantes abiertos: si la acción será reforzada por alzas más contundentes de la tasa de interés del Banco de Japón, y por qué Washington mostró preocupación por el efecto de una intervención japonesa masiva sobre el mercado de bonos del Tesoro. Como principal tenedor extranjero de Treasuries, Japón podría haber tenido que liquidar posiciones para financiar una campaña prolongada de venta de dólares en un momento de volatilidad; la participación estadounidense —con la Reserva Federal proveyendo dólares a Japón mediante operaciones de repo y con Estados Unidos vendiendo euros en lugar de dólares— habría reducido ese riesgo. El argumento central es que, si el objetivo era contener la debilidad excesiva y la especulación sobre un yen en mínimos de 40 años, la ausencia del resto del bloque resulta llamativa. Con excepción de los acuerdos de Plaza y del Louvre en la década de 1980, la mayoría de las acciones coordinadas para calmar los tipos de cambio entre las principales economías occidentales comenzaron con una ronda del G7, al menos desde la creación del euro hace 27 años. La última intervención concertada sobre el yen fue de venta, tras la apreciación de la divisa por el terremoto y tsunami de 2011, con participación de todos los países del G7; la última acción conjunta de compra de yenes fue bilateral con Washington, en 1998, durante la crisis asiática. El caso del euro es ilustrativo: las pérdidas persistentes tras su creación derivaron en la intervención del Banco Central Europeo a fines de 2000, iniciada también con compras conjuntas del G7. En esta ocasión, Estados Unidos vendió euros contra yenes sin participación europea; un vocero del BCE declinó comentar, aunque una fuente indicó que la entidad había estado en contacto con la Fed, aparentemente con posterioridad a los hechos. Tampoco hubo pronunciamiento del Fondo Monetario Internacional. Las cumbres del G7 de este año, bajo presidencia francesa, se limitaron a reafirmar en Evian los compromisos existentes sobre tipos de cambio. Dolan vincula esta configuración con la preferencia de la administración Trump por la negociación bilateral y con el compromiso japonés de medio billón de dólares en inversiones en Estados Unidos para asegurar la tregua arancelaria, factor que pudo haber contribuido a la presión sobre el yen. Bessent también señaló un ángulo regional: la debilidad adicional del yen arrastraba a divisas de socios comerciales como el won surcoreano, mientras el yuan chino queda fuera del ámbito del G7 y solo entra en la órbita colectiva del G20, que se reúne en Miami en diciembre. Fuente: Reuters Open Interest (columna de opinión de Mike Dolan) — análisis editorial Sudameris