Las expectativas de inflación lanzan señales de alerta, pero los analistas apuntan a un fenómeno temporal

Las expectativas de inflación de los hogares estadounidenses se han elevado de manera notable en las últimas semanas, impulsadas por el alza de los precios de la gasolina —que superan los USD 3,80 por galón en promedio nacional— como consecuencia directa del conflicto en Irán y el cierre del Estrecho de Ormuz. Las expectativas de inflación a un año de la Universidad de Michigan se mantuvieron en 3,4% en la lectura de marzo, mientras que las de cinco años se redujeron marginalmente a 3,2%, una señal de que las expectativas de largo plazo permanecen relativamente ancladas pese a la volatilidad energética reciente. El PCE subyacente de enero se ubicó en 3,1% interanual antes del inicio del conflicto, y los precios del crudo ya incorporados a la cadena de distribución aún no se han reflejado plenamente en los datos oficiales de CPI y PCE, que suelen registrar el pass-through con un rezago de uno a dos meses. La lectura dual del mercado —expectativas de corto plazo al alza pero largo plazo relativamente estables— es clave para la interpretación que el FOMC hará del shock en su reunión del 18 de marzo. Los estrategas señalan que este perfil sería consistente con un banco central que puede "mirar a través" del shock energético de corto plazo si no se producen efectos de segunda ronda significativos, es decir, si las presiones salariales y los precios de servicios no se aceleran de manera persistente. Sin embargo, con el PPI de enero marcando un alza mensual de 0,5% en el componente general y 0,8% en el subyacente —su mayor salto en meses— el riesgo de transmisión permanece elevado, y cualquier señal de desanclaje de expectativas podría inclinar al FOMC hacia una postura explícitamente restrictiva antes de las próximas reuniones.