Mike Dolan: la economía estadounidense está sobreestimulada y el mercado de bonos lo teme
La columna sostiene que, más allá de la política errática y el conflicto global, la economía estadounidense acumula un impulso considerable y corre riesgo de sobrecalentamiento, con largueza fiscal, condiciones financieras laxas, inversión empresarial en auge y tasas de interés reales cercanas a cero alimentando simultáneamente el motor económico. Dos cifras destacaron en la semana previa: el crecimiento anual estimado de beneficios se aceleró hasta cerca de 50% para las empresas del S&P 500 en el último trimestre y el PIB nominal estadounidense creció a una tasa anualizada de casi 8% en el segundo trimestre. Aunque el alza de 6,3% del deflactor del PIB fue en gran medida de origen energético, los componentes de demanda mostraron fortaleza: el consumo privado avanzó 3,2% y la inversión empresarial en equipos se expandió a un ritmo de 15%. Esa tasa de crecimiento nominal solo fue superada dos veces en los últimos tres años y prácticamente duplica el promedio de veinticinco años. Con datos de LSEG, el crecimiento anual de beneficios se sitúa en 47% con más de la mitad de la temporada de reportes completada —el doble de lo esperado un mes antes y el triple de la estimación de enero—, impulsado tanto por trimestres extraordinarios de los grandes bancos y las petroleras integradas como por los resultados tecnológicos; frente a un crecimiento de ingresos de 14%, la magnitud de la expansión de márgenes resulta evidente, y un análisis de Barclays señala que los márgenes han sido la fuerza impulsora al alcanzar nuevos máximos. El argumento central apunta a una mecánica de retroalimentación. Stephen Jen y Fatih Yilmaz, de Eurizon SLJ, plantean que la "destrucción de demanda" que normalmente provocarían la energía costosa y la inflación elevada no está operando esta vez, con consumidores mucho menos sensibles al precio que en ciclos anteriores; atribuyen el fenómeno a la escala del gasto fiscal aún vigente y postulan una "espiral estímulo fiscal-precios" en lugar de la tradicional espiral salarios-precios. Como sustento, señalan que mientras el capex vinculado a inteligencia artificial supera el billón de dólares —con los hyperscalers aportando más de esa cifra en infraestructura solo este año—, el gobierno federal registra déficits presupuestarios superiores a los dos billones de dólares anuales, incrementados por el paquete fiscal de recortes impositivos y gasto adicional del año pasado y proyectados en magnitudes similares durante la próxima década. Existe un segundo circuito: los precios elevados y crecientes de acciones e inmuebles permiten al cuartil superior de ingresos sostener su gasto con independencia de una inflación de 3% a 4%, lo que a su vez habilita a las empresas a seguir expandiendo márgenes y realimenta la riqueza financiera de esos hogares. Los índices bursátiles estadounidenses acumulan un alza de 50% en dos años y de 10% adicional en el primer semestre, y el único indicador de alerta son los rendimientos de bonos al alza. La conclusión del columnista es que la Reserva Federal dista de estar impotente frente a shocks de oferta o de capex: dos alzas rápidas de tasa en lo que resta del año podrían enfriar valuaciones bursátiles, gasto y expansión de márgenes, y si la Fed no lo hace, el mercado de bonos podría forzarlo. Fuente: Reuters — análisis editorial Sudameris