¿Resurrección monetarista o revisión oportuna de las metas de inflación? El debate que Warsh reabrió en la Fed

El columnista de Reuters Mike Dolan plantea que al reactivar el debate sobre los agregados monetarios en la Reserva Federal, el presidente Kevin Warsh generó un problema para sí mismo y para el presidente que lo designó: buena parte de quienes celebran su giro monetarista son, simultáneamente, los más inclinados a exigir tasas de interés más altas, no más bajas. Warsh llegó al simposio de Jackson Hole con una revisión del funcionamiento de la Fed ya en marcha, articulada en cinco grupos de trabajo que examinan comunicación, proyecciones, medición de la inflación, calidad de los datos, productividad y uso de la hoja de balance. El ejercicio ha sido caracterizado como la revisión más consecuente de la política monetaria estadounidense desde la adopción de la meta formal de 2% en 2012. Sin declararse monetarista, Warsh manifestó su preferencia por reincorporar los agregados monetarios al tablero de indicadores como parte de un "mosaico de información". La fijación de objetivos sobre el stock de dinero fue central durante los episodios inflacionarios de las décadas de 1970 y 1980, y fue abandonada por Alan Greenspan en 1993 por su falta de fiabilidad frente a la innovación financiera y la imposibilidad de capturar la velocidad de circulación del dinero. El mes pasado, el ex gobernador de la Fed Stephen Miran suscribió junto a Nouriel Roubini y Peter Ireland un documento para Hudson Bay Capital titulado "A Return to Monetarism?", que aboga por incorporar al menos dinero y crédito en las deliberaciones del banco central, argumentando que la expansión del M2 durante la reactivación pospandemia sembró el posterior salto inflacionario. El economista keynesiano James Galbraith descalificó esas conclusiones como "monetarismo blando", sosteniendo que si la velocidad del dinero no es estable —como no lo fue durante la pandemia— la teoría cuantitativa no puede orientar la política. El dato incómodo para Warsh: el crecimiento anual del M2 alcanzó un máximo de cuatro años en 5,14% el mes pasado, casi dos puntos porcentuales por encima de la medida de inflación preferida por la Fed, con condiciones financieras en su nivel más laxo en cuatro años. El informe de política monetaria del organismo hizo referencia inusual al M2, que Warsh describió como un "huevo de Pascua" oculto. El debate se globalizó: el ex economista jefe del Banco Central Europeo, Otmar Issing, defendió en Central Banking el enfoque original de "pilares gemelos" y advirtió sobre el riesgo de ignorar la oferta monetaria y los desequilibrios del sistema bancario. William White, ex economista jefe del Banco de Pagos Internacionales e integrante de uno de los nuevos grupos de trabajo, sostiene que reducir tasas en el actual entorno de exuberancia financiera podría resultar más peligroso que en 2008, señalando la escala del gasto en IA como "potencialmente inflacionaria" y de retorno de productividad no comprobado. Fuente: Reuters (columna de opinión) — análisis editorial Sudameris