Reuters Open Interest: la emisión corporativa vinculada a IA no explica el desajuste del mercado de bonos estadounidense
El columnista Jamie McGeever examina si el récord de emisión corporativa vinculada a la construcción de infraestructura de inteligencia artificial está desplazando la demanda de títulos del Tesoro. Los datos son contundentes en escala: entre enero y mediados de agosto la emisión corporativa estadounidense totalizó USD 1,68 billones según SIFMA, un alza cercana al 27% interanual, con USD 153.200 millones en lo que va de agosto, superando los USD 147.700 millones de julio. El sector de "alta tecnología" representa apenas 12,8% de la emisión de 2026 —muy por detrás del 45,2% del sector financiero—, pero crece más rápido que cualquier otro: la emisión de IA y grandes tecnológicas superó los USD 220.000 millones en 2026 según LSEG, el doble del total del año pasado. Buena parte se coloca a 20 y 30 años, añadiendo oferta de duración; un documento de trabajo de la Fed de Dallas concluyó que el financiamiento de centros de datos aportará "riesgo de duración adicional significativo" al mercado de tasas. La columna presenta el contraargumento: estrategas de Goldman Sachs sostienen que el efecto derrame ha sido limitado incluso con el financiamiento vinculado a IA representando cerca de un cuarto de la emisión bruta con grado de inversión, señalando que los spreads crediticios promedio de emisores no vinculados a IA se mantienen históricamente ajustados. Su regla empírica, basada en el impacto de duración del endurecimiento cuantitativo, implica un alza de apenas 5 puntos básicos en los costos de financiamiento corporativo. McGeever apunta que las turbulencias soberanas fueron globales —con Japón como caso más severo, centrado en la credibilidad de su banco central— y que el detonante principal del encarecimiento del crédito estadounidense sería Kevin Warsh, específicamente sus comentarios en el foro del BCE en Sintra el 1 de julio y tras la reunión de política monetaria cuatro semanas después, que dejaron a los inversores sin claridad sobre eventuales cambios en el objetivo de inflación de la Fed. Con la inflación por encima del 2% durante cinco años consecutivos, la reacción del bono largo sugiere que los inversores no comparten la confianza de Warsh en que la inflación cederá sin un endurecimiento monetario. Fuente: Reuters Open Interest — análisis editorial Sudameris