Mercados en modo feriado: Poco volumen, muchas conclusiones
La última semana del año llegó con el clásico cóctel de “volúmenes finitos + titulares infinitos”: mercados funcionando en modo feriado, pero igual encontrando tiempo para discutir tasas, inflación y commodities como si no existiera el 31. En ese contexto, el foco volvió a lo esencial: (i) la dinámica de precios —con señales mixtas entre componentes locales e importados—, (ii) la lectura de tasas en EE. UU. (donde la curva sigue siendo el lugar favorito para proyectar ansiedad 2026), y (iii) Europa y emergentes moviéndose entre narrativa de “soft landing” y realidades geopolíticas que no aceptan calendario.
Paraguay
La SIV ordena la data: Más reporting, menos “Excel creativo”
La Superintendencia de Valores avanza con la Central de Información como canal unificado de remisión de datos para entidades del mercado, con un enfoque por fases y plazos que apuntan a estandarizar reportes, mejorar trazabilidad y elevar el “control de calidad” del dato regulatorio (que, como sabemos, es el único activo que siempre llega tarde si no lo forzás). Según el material publicado, el proceso arranca con la emisión del reglamento y se despliega de manera gradual durante 2026.
En términos de mercado, esto tiene dos lecturas: (1) eficiencia (menos fricción, menos idas y vueltas documentales) y (2) disciplina (más consistencia en reporting, lo cual tiende a reducir asimetrías de información). Si la implementación logra buena adopción, puede mejorar tiempos de análisis y comparabilidad entre emisores, fondos y agentes—un pequeño salto de institucionalidad que no depende de “buena voluntad”, sino de procesos.
Riesgo a monitorear: toda centralización trae un período inevitable de “aprendizaje con dolor”: cargas iniciales, validaciones, re-trabajo y ajustes internos en back-office. Pero, en el largo plazo, la estandarización suele pagar dividendos—sobre todo cuando la alternativa es seguir operando con planillas que se multiplican como ‘versiones finales’ de PowerPoint antes de una presentación.
Inflación productiva: El promedio tranquilo, el productor no tanto
En noviembre 2025, el Índice de Precios del Productor (IPP) general registró una variación mensual de 0,0%, según datos del BCP. En términos de tendencia, el IPP acumuló +2,0% al undécimo mes del año y marcó +2,6% interanual. Dicho de otro modo: el promedio se mantuvo plano en el mes, pero la película anual sigue avanzando—solo que con menos efectos especiales.
El detalle clave está en la divergencia interna: los productos de origen nacional continuaron subiendo, con +0,3% m/m, una variación acumulada de +5,2% a noviembre, y un salto interanual de +6,2%. Es decir, la presión de costos doméstica sigue visible y relativamente más intensa que el promedio general, lo cual es relevante para márgenes en cadenas locales y para el potencial pass-through hacia precios al consumidor (dependiendo del poder de precio de cada sector).
La lectura macro es bastante directa: el IPP general “no se mueve” porque hay componentes que compensan, pero la dinámica nacional no está precisamente en modo vacaciones. Si esto fuera un cierre contable, diríamos que “el total cuadra”… aunque por dentro las cuentas ya están discutiendo quién paga el ajuste.
Importados a la baja: El alivio que sostiene al promedio
En contraste, el BCP reporta que los productos importados registraron -0,4% m/m, con una variación -3,4% acumulada a noviembre 2025 y -3,2% interanual. Esta divergencia (nacional arriba / importado abajo) explica por qué el IPP general puede mostrarse neutro en el mes pese a presiones internas.
El detalle del informe atribuye bajas a secciones como bienes transportables no metálicos, productos metálicos/maquinaria/equipo, y ciertos componentes agrícolas importados; mientras que alimentos y bebidas importados mostraron incrementos (o sea: el alivio existe, pero no es un descuento universal). En términos prácticos, el “freno” importado puede estar vinculado a combinación de precios externos, composición de canasta y condiciones cambiarias.
Para el mercado, esto es relevante por dos vías: (1) margen (costos importados a la baja alivian OPEX/COGS en sectores intensivos en insumos externos) y (2) política monetaria (menos presión transable da aire). Pero ojo: esta película cambia rápido si el dólar decide “recordarnos” por qué es moneda reserva—y no por simpatía.
Estados Unidos
Wall Street inicia la última semana del año en rojo: Toma de ganancias en tech y respiro en energía
Las acciones estadounidenses cerraron a la baja al inicio de la semana, con el S&P 500 (-0,35%), Nasdaq (-0,5%) y Dow (-0,51%), principalmente por retrocesos en tecnología y nombres ligados a AI (incluyendo Nvidia). El movimiento ocurre tras máximos recientes y con la narrativa de “compra de fin de año” enfrentándose a la realidad: las valuaciones no descansan, solo se turnan.
Reuters destaca además que metales preciosos y mineras asociadas cayeron tras un rally previo, mientras energía subió acompañando el repunte del petróleo. En el margen, el mercado vuelve a una rotación clásica: cuando tech estornuda, alguien compra barriles, como si fuera diversificación… o terapia.
De cara a próximos catalizadores, el foco queda en minutas de la Fed y datos puntuales (jobless claims), dentro de una semana con liquidez reducida. En ese entorno, movimientos pequeños pueden parecer grandes—como cuando el último invitado en una fiesta decide poner música “solo un ratito” y termina dominando la noche.
El 10Y habla: El mercado escucha… y vuelve a dudar
La atención se concentró en el Treasury a 10 años, que operó levemente a la baja alrededor de 4,11%, en un mercado que reevalúa el sendero de recortes para 2026 tras el tramo final de 2025. En simple: el mercado quiere tasas más bajas, pero también quiere una economía fuerte—y a veces pide ambas cosas con la misma naturalidad con la que alguien pide “postre light”.
Reuters remarca que 2025 fue un año sólido para bonos (mejor performance desde 2020), apalancado por recortes de la Fed y spreads relativamente contenidos; pero para 2026 el consenso luce más moderado y sensible a factores fiscales, oferta de deuda y nivel de yields largas. Eso deja al 10Y como punto de equilibrio entre “soft landing” y “déficit sin culpa”.
Implicancia para activos de riesgo: una tasa larga estable/alta pone techo a múltiplos, especialmente en growth/tech, mientras que una normalización gradual favorece rotaciones hacia value/financieras. Traducción: si el 10Y no baja, el mercado igual intentará subir… pero con menos entusiasmo y más Excel.
Semana liviana: Cuando el volumen baja y la narrativa sube
La agenda de mercado entra en semana acortada por feriado, con pocos datos “pesados” y un énfasis desproporcionado en minutas de la Fed y señales de actividad/empleo. En este tipo de semanas, el pricing se vuelve más narrativo que estadístico: menos información nueva, más interpretación creativa.
En paralelo, el telón de fondo sigue siendo el mismo: expectativas de recortes, dinámica de inflación, y el trade de AI que —aunque dominante— ya muestra episodios de toma de ganancias. El cierre de año también impulsa rebalanceos y ajustes tácticos que pueden distorsionar lecturas de corto plazo (especialmente en sectores con rallies pronunciados).
Lectura táctica: en entornos de baja liquidez, conviene separar “movimiento” de “mensaje”. Si el mercado cae 0,4% con volúmenes de vacaciones, no necesariamente cambió el mundo; a veces solo cambió quién estaba frente a la pantalla.
Mundo
Europa entre la paz y los precios: Defensa ajusta, mercado aguanta
Las bolsas europeas cerraron mixtas en la jornada, con el STOXX 600 prácticamente sin cambios y cerrando en 589,35 puntos (+0,11%), luego de haber marcado un máximo intradiario de 589,61. A nivel país, el FTSE 100 del Reino Unido cayó 0,04%, mientras que CAC 40 (Francia) y DAX (Alemania) avanzaron 0,10% cada uno; Italia (FTSE MIB) quedó rezagada con -0,38%. En resumen: el mercado se sostuvo, pero sin entusiasmo—una sesión de “equilibrio” que dice mucho y promete poco.
El foco estuvo en acciones de defensa, que retrocedieron tras reportes de conversaciones de paz entre EE. UU. y Ucrania durante el fin de semana. El índice europeo de aeroespacial y defensa cayó 1,53%, con descensos en nombres relevantes del sector (caídas cercanas a -2% en algunos casos). La lectura es intuitiva: si la probabilidad de distensión sube, el “premio geopolítico” baja. El mercado, siempre práctico, no discute la geopolítica; la descuenta.
Aun así, el consenso de analistas matiza la reacción: incluso con avances diplomáticos, la inversión en defensa en Europa seguiría aumentando en los próximos años, por compromisos presupuestarios y reconfiguración estratégica. En paralelo, commodities mostraron volatilidad (metales con retrocesos; petróleo al alza), y los volúmenes se mantuvieron ligeros por el período festivo. Traducción de cierre de año: Europa no cambia de tendencia por un titular, pero sí ajusta precios—con la sobriedad de quien ya aprendió a no celebrar antes del comunicado final.
Rusia reduce la ayuda: El mercado empieza a pedalear solo
El Banco Central de Rusia anunció que reducirá a la mitad sus ventas propias de divisas a partir de 2026, una decisión esperada que implica retirar parte del apoyo que sostuvo al rublo durante 2025. En la primera mitad de 2026, el banco venderá 4,62 mil millones de rublos diarios en moneda extranjera, frente a los 8,94 mil millones actuales, lo que recorta de forma significativa la intervención directa en el mercado cambiario.
Sumando las operaciones del banco central y del Ministerio de Finanzas, el volumen total de ventas de FX del Estado se reducirá en torno a 30%, hasta 10,22 mil millones de rublos diarios, nivel que estará vigente desde enero y al menos hasta que se anuncien nuevas metas mensuales vinculadas al Fondo Nacional de Riqueza (NWF). Este esquema había sido clave para la fortaleza del rublo en 2025, aunque también generó tensiones con exportadores, cuyas ganancias se vieron erosionadas por una moneda apreciada más de 45% en el año.
La señal para 2026 es clara: con menores precios de exportación, una política monetaria en proceso de relajación y menos intervención cambiaria, los economistas esperan un rublo más débil. El mercado, por ahora, reaccionó con calma —la moneda incluso mostró leves movimientos de fortalecimiento—, pero el mensaje de fondo permanece: el soporte oficial no desaparece, pero deja de ser protagonista. En términos financieros, es el equivalente a sacar las rueditas de la bicicleta y confiar en que el equilibrio se mantenga… al menos en línea recta.
EVs chinos: Del boom al test de supervivencia
El mercado chino de vehículos eléctricos (EVs) llega a 2026 con un cambio claro de régimen: menos crecimiento y mucha más competencia. Tras un 2025 que cierra con señales de desaceleración, analistas anticipan que el ritmo de expansión del sector podría reducirse a la mitad, desde tasas cercanas al 20% hacia un crecimiento de un dígito alto, en un contexto de saturación doméstica y una guerra de precios que ya dejó de ser táctica para volverse estructural. El resultado: vender más ya no garantiza ganar más.
Los datos recientes ilustran bien la presión. En 2025, Tesla vio caer sus ventas interanuales en China (-7,4%), mientras que BYD, líder del mercado, también reportó descensos (-5,1%), con un golpe particularmente fuerte en noviembre. Al mismo tiempo, nuevos jugadores vinculados a ecosistemas tecnológicos (Huawei, Xiaomi) crecieron a tasas de dos dígitos altos, acelerando la concentración del mercado: los diez principales fabricantes ya explican cerca del 95% de las ventas de “new energy vehicles”, muy por encima del 60–70% de hace apenas unos años. En otras palabras, el mercado sigue siendo grande, pero cada vez hay menos sillas cuando la música se detiene.
Ante la desaceleración interna, la respuesta es clara: expansión global. Fabricantes chinos están acelerando exportaciones, abriendo plantas en Europa y emergentes, y llevando la competencia de precios fuera de casa. Esto presiona márgenes a nivel global y eleva la tensión con fabricantes tradicionales, justo cuando China comienza a retirar subsidios y reintroducir impuestos a la compra, añadiendo otra capa de fricción al crecimiento. Para 2026, el EV chino deja de ser una historia de crecimiento lineal y pasa a ser un ejercicio de supervivencia industrial: escala, costos y eficiencia importan más que el branding. El mensaje implícito es simple y poco sentimental: en este mercado, no gana el más innovador… sino el que aguanta más tiempo vendiendo barato.