Ormuz cerrado, bonos en caída y diésel bajo amenaza: Los bancos centrales suben tasas para un problema que no pueden resolver

El detalle cambia algo la lectura. Sin agricultura ni entidades binacionales, el crecimiento del semestre baja a 5,2%, y en el segundo trimestre solo a 3,2% interanual. Dicho de otro modo: llovió bien, la soja rindió e Itaipú y Yacyretá generaron más. La agricultura creció 12,3% en el semestre, impulsada por soja, arroz, poroto, girasol y tabaco. Electricidad y agua sumaron 8,5%. El resto de la economía avanza a un ritmo sano, aunque menos llamativo.

La ganadería va en sentido contrario. El grupo de ganadería, forestal, pesca y minería cayó 0,9% en el semestre y 4,1% en el segundo trimestre, porque el faenamiento bovino bajó 26,6% mientras se recompone el hato.

Por el lado del gasto, el consumo privado creció 4,2% en el semestre y 3,2% interanual en el segundo trimestre, con más compras de bienes durables y servicios. El consumo del gobierno subió 4,6%. Lo que no acompañó fue la demanda interna total, que cayó 2,6% interanual en el segundo trimestre, arrastrada por una baja de 11,8% de la Formación Bruta de Capital Fijo (FBKF), la medida de inversión en máquinas, equipos y construcción.

La industria también está procesando más. Según la Cámara Paraguaya de Procesadores de Oleaginosas y Cereales (CAPPRO), entre enero y agosto se procesaron 2.607.810 toneladas de soja, 12% más que un año antes y el mayor volumen para ese período desde 2016. Solo agosto aportó 373.090 toneladas, con lo que se suman siete meses seguidos de mejora interanual. Las plantas trabajan al 82% de su capacidad instalada, dos puntos más que en julio y que en agosto de 2025. A este ritmo, el año podría superar el récord de unos 3,7 millones de toneladas de 2017. El panorama mundial suma presión de oferta. El Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA) proyecta una cosecha récord de soja de 442,3 millones de toneladas para 2026/2027 y un procesamiento también récord, de más de 385 millones. Para un país que vende soja, una cosecha mundial récord no es necesariamente una buena noticia en precio. El volumen local compensa, por ahora.

La industria láctea mostró una transformación que suele pasar desapercibida. Según la Cámara Paraguaya de Industrias Lácteas (CAPAINLAC), el país dependía de importaciones hace veinte años y hoy exporta cerca del 15% de su producción, sobre todo leche en polvo y manteca. La leche fluida casi no se exporta porque es mayormente agua, y nadie paga flete internacional para trasladar agua de un río a otro. El gremio estima que el programa Hambre Cero necesitaría unos 38 millones de litros por año, alrededor de USD 38 millones para la cadena. La mitad, unos G. 114.000 millones, iría a la agricultura familiar.

La economía del litro es sencilla: la industria vende a unos G. 6.000 a las empresas que abastecen el programa y le paga al productor unos G. 3.000 por la leche cruda. La parte menos alegre es el tipo de cambio. Los costos están en guaraníes, las exportaciones se cobran en dólares y el guaraní apreciado comprime el margen. CAPAINLAC aclaró que no tiene ninguna gestión conjunta con el BCP sobre el tema y que cada empresa resuelve por su cuenta. Es una forma elegante de decir que el tipo de cambio lo fija el mercado y no la cámara empresarial, que es como debe ser.

Las fortalezas están claras. La deuda pública cerró 2025 en 31,7% del PIB, frente a una mediana de 51,6% en los países BB. La parte en moneda extranjera bajó de 90,2% en 2023 a 74,5% en junio de 2026, ayudada por las emisiones en guaraníes y por la apreciación de la moneda. En febrero, Paraguay colocó por primera vez un bono global en guaraníes a 12 años, por G. 6,5 billones (unos USD 1.000 millones), y llevó la deuda en moneda local a un máximo de 22%. El crecimiento de 6,6% en 2025 casi duplicó la mediana BB de 3,8%. Fitch proyecta 4,5% para 2026.

Las debilidades también. Fitch estima que el Estado acumula atrasos de pago por unos USD 1.300 millones, cerca del 2% del PIB. El propio Gobierno proyecta un déficit de 3,2% del PIB en 2026 y de 3,9% en 2027, y Fitch solo lo ve bajar a 2% en 2028. Un déficit que sube el año siguiente es una curiosa forma de converger hacia la meta. A eso se suman la baja recaudación, una gestión financiera pública débil, un mercado de capitales local poco profundo e indicadores de gobernanza en el percentil 39 del Banco Mundial. El exministro de Hacienda Benigno López lo resumió en una frase que no necesita remate: «El problema nunca fue saber qué hacer, sino nuestra incapacidad para llevarlo adelante».

Desde afuera, la mirada es más generosa. Facundo Gómez Minujín, CEO de JPMorgan para Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia, le dijo a Bloomberg Línea, antes del Paraguay Investment Forum en Nueva York, que la lección paraguaya para la región se resume en «estabilidad, Estado chico». Destacó la energía hidroeléctrica, la ubicación y la baja carga tributaria, y recordó que este año JPMorgan incorporó los bonos paraguayos en moneda local a su índice de deuda emergente GBI-EM (Government Bond Index – Emerging Markets). Entre los desafíos mencionó transparencia, institucionalidad, gobernanza, justicia y clima.

El lunes 29, John Williams, presidente de la Fed de Nueva York, dijo que «no hay urgencia» para otra suba después de la de septiembre y que «tenemos tiempo para reunir más información». Aun así, dejó abierta una suba más «a fines de este año». Proyectó que la inflación cerrará 2026 en 3,5% y llegará a la meta de 2% recién en 2028. Los operadores bajaron las apuestas por una suba en octubre a más o menos la mitad de probabilidad.

El miércoles 30 se conocieron dos datos. El primero fue la tercera estimación del PIB del segundo trimestre: 2,2% anualizado, por encima del 1,5% de la estimación anterior y contra un consenso que esperaba que no cambiara.

El segundo dato fue el índice de precios del gasto en consumo personal (PCE, por sus siglas en inglés), el indicador de inflación que sigue la Fed. El índice general quedó en 3,4% interanual en agosto, contra 3,7% esperado. El núcleo, sin alimentos ni energía, bajó de 3,3% a 3,0%, cuando el mercado esperaba que se mantuviera en 3,3%. En la comparación mensual, el general subió 0,3% y el núcleo 0,2%, ambos una décima por debajo de lo previsto. Los futuros de acciones subieron, los rendimientos bajaron y el mercado pasó a esperar la próxima suba para diciembre.

La letra chica, que a nadie le gusta, dice que la Oficina de Análisis Económico (BEA) cambió la forma de medir varios componentes del índice, entre ellos servicios legales, software, accesorios de computación y gestión de carteras. Ese cambio explica una parte de la sorpresa. No es manipulación: es metodología. Pero cuando la inflación baja en parte porque cambió la regla de medición, el festejo debería ser más moderado.

El problema se ve en el mercado de bonos. El rendimiento del Tesoro a 10 años subió 87,1 puntos básicos en el trimestre de julio a septiembre, la mayor suba trimestral desde 1994. En los días previos llegó a 5,31%, el nivel más alto desde 2007. El bono a 30 años pasó de 5,65%, máximo desde 2002. Las razones son conocidas: datos fuertes, inflación empujada por la energía y una deuda fiscal que crece. El mercado descuenta al menos tres subas más de la Fed hasta mediados de 2027.

El domingo, el presidente Donald Trump confirmó que había rechazado la propuesta de paz que Irán presentó en la Asamblea General de Naciones Unidas a través de mediadores qataríes. La oferta era parecida al memorando firmado en junio: Irán levantaba el bloqueo del estrecho de Ormuz y EE.UU. levantaba el bloqueo a los puertos iraníes. El lunes, el Brent subió 2,49%, a USD 106,92 por barril, y el WTI (West Texas Intermediate) 2,25%, a USD 94,49. Wall Street abrió en baja y los rendimientos subieron. Trump igual dijo que esperaba que los negociadores siguieran hablando durante la semana, y se informó que también evaluaba nuevos ataques. Las dos cosas pueden ser ciertas a la vez, y el precio del petróleo las incorpora sin problema.

El miércoles 1 de octubre, China decidió proteger su mercado interno. Según fuentes del mercado, las refinerías chinas suspendieron las exportaciones de combustibles a destinos fuera de Hong Kong y Macao hasta nuevo aviso, después de la Semana Dorada que termina el 7 de octubre. PetroChina canceló la mayoría de sus envíos de gasolina y combustible para aviones previstos para octubre, muchos de ellos acordados en las dos semanas anteriores. Zhejiang Petrochemical no programó ningún envío durante el feriado. Pekín no confirmó nada oficialmente. Cuando el segundo mayor consumidor de petróleo del mundo decide quedarse con su combustible, el resto del mercado lo nota rápido.

Ese mismo día se conoció la escalada con Europa. Según fuentes citadas por la prensa, Washington les dijo a Francia y Alemania que liberen sus reservas estratégicas de diésel o se arriesguen a una prohibición de exportaciones de diésel estadounidense. Entre los dos países tienen cerca del 35% de las reservas estratégicas de la Unión Europea (UE): 8,2 millones de toneladas Francia y 5,6 millones Alemania, según datos de mayo de 2025. El contexto político es explícito: los precios del diésel están en niveles récord o casi récord en varios mercados a pocas semanas de las elecciones legislativas de noviembre en EE.UU. Amenazar a dos aliados con dejarlos sin combustible para bajar el precio del propio es una diplomacia energética poco habitual. Por lo visto, también funciona.

El viernes 2, los gobiernos de la UE discutieron una propuesta francesa: liberar 50 millones de barriles de diésel en Europa y que los miembros de la Agencia Internacional de Energía (AIE) liberen otros 50 millones de crudo. La condición europea es que EE.UU. se comprometa a no prohibir unilateralmente sus exportaciones de diésel. El Brent volvió a bajar de USD 100 con la noticia. En resumen, la semana terminó con Europa negociando qué cantidad de su reserva de emergencia entrega a cambio de que su principal proveedor no le corte el suministro.

En ese mundo, Paraguay tiene una ventaja poco común: energía abundante, deuda baja, crecimiento alto y bonos en guaraníes que ya forman parte de un índice global. Esa ventaja explica el interés de Araico, de JPMorgan y de Costa Food Group. Pero la semana también mostró el límite. Fitch dice, con números propios, que la macroeconomía vale un escalón y la institucionalidad le quita otro.