Cuando el guaraní se pone fuerte, la Fed se pone nerviosa, y Francia se pone a probar hasta dónde aguanta un bono

La industria también está procesando más. Según la Cámara Paraguaya de Procesadores de Oleaginosas y Cereales (CAPPRO), entre enero y agosto se procesaron 2.607.810 toneladas de soja, 12% más que un año antes y el mayor volumen para ese período desde 2016. Solo agosto aportó 373.090 toneladas, con lo que se suman siete meses seguidos de mejora interanual. Las plantas trabajan al 82% de su capacidad instalada, dos puntos más que en julio y que en agosto de 2025. A este ritmo, el año podría superar el récord de unos 3,7 millones de toneladas de 2017. El panorama mundial suma presión de oferta. El Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA) proyecta una cosecha récord de soja de 442,3 millones de toneladas para 2026/2027 y un procesamiento también récord, de más de 385 millones. Para un país que vende soja, una cosecha mundial récord no es necesariamente una buena noticia en precio. El volumen local compensa, por ahora.

La industria láctea mostró una transformación que suele pasar desapercibida. Según la Cámara Paraguaya de Industrias Lácteas (CAPAINLAC), el país dependía de importaciones hace veinte años y hoy exporta cerca del 15% de su producción, sobre todo leche en polvo y manteca. La leche fluida casi no se exporta porque es mayormente agua, y nadie paga flete internacional para trasladar agua de un río a otro. El gremio estima que el programa Hambre Cero necesitaría unos 38 millones de litros por año, alrededor de USD 38 millones para la cadena. La mitad, unos G. 114.000 millones, iría a la agricultura familiar.

La economía del litro es sencilla: la industria vende a unos G. 6.000 a las empresas que abastecen el programa y le paga al productor unos G. 3.000 por la leche cruda. La parte menos alegre es el tipo de cambio. Los costos están en guaraníes, las exportaciones se cobran en dólares y el guaraní apreciado comprime el margen. CAPAINLAC aclaró que no tiene ninguna gestión conjunta con el BCP sobre el tema y que cada empresa resuelve por su cuenta. Es una forma elegante de decir que el tipo de cambio lo fija el mercado y no la cámara empresarial, que es como debe ser.